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Publicado el 12 de diciembre, 2019

Downton Abbey, la película: Exquisito y sugerente capítulo de larga duración

Periodista Virginia Araya

Es una de las películas más esperadas del año y no decepciona. La versión cinematográfica de la popular serie de televisión es indiscutiblemente maravillosa de ver, con paisajes, decorados vestuarios de ensueño y un gran vals final.

Virginia Araya Periodista

No sé si será el momento más oportuno, pero este jueves se estrena –por fin-  “Downton Abbey” como película, dirigida por Michael Engler. Haberla visto antes del estallido de la crisis el 18 de octubre habría tenido otro significado. Verla hoy nos cuestiona hasta la frivolidad de embelesarnos tanto con aristócratas, castillos y sirvientes.

Ambientada en 1927, la cinta comienza con los acordes de su característica melodía hacia un mundo de ensueño, que sigue el viaje de un correo real desde Buckingham Palace hasta Downton Abbey, para anunciar la visita de sus altezas reales un par de días durante un recorrido que harán por Yorkshire. Tremenda noticia que alborota el pequeño condado y todo un desafío para el staff de los Crawley: “¿Almuerzo real, desfile y baile?”, como exclama casi aterrorizada Mrs. Patmore (Lesley Nicol) al enterarse.

Estos huéspedes son  el centro de la trama y provoca nuevamente el  cuestionamiento a la razón de ser de la realeza, su boato y costumbres. Algo que siempre ha estado de fondo en esta exitosa serie creada por Julian Fellowes, con 6 temporadas, 69 premios Emmy, exhibiciones internacionales y millones de fanáticos en todo el mundo, viudos desde la emisión del último capítulo en  diciembre de 2015.

La producción nos había dejado ya con Lady Mary (Michelle Dockery) a cargo de la mansión y del negocio de los chanchos, asociada con su cuñado Tom Branson (Allen Leech), y no ha sido nada fácil. Por lo mismo, sumar ahora todo un gasto y desgaste en la visita real la hace replantearse si vale la pena seguir con Downton en vez de transformarlo en un colegio o algo parecido. Y es su fiel doncella Anne (Joanne Froggatt) quien le despeja las dudas: “Downton es el corazón de esta comunidad y usted lo mantiene latiendo”.

Su hermana Edith, Marquesa de Hexham (Laura Carmichael) también se cuestionará su existencia superficial pero sin crisis. Branson y su pasado revolucionario sembrará dudas y será el pivote a la realidad abriendo los ojos del mismísimo Rey. Eso, arriba. Abajo, una guerra sin cuartel aunque cuidando al máximo los modales, of course.

Sucede que previo a la llegada de sus altezas, arriba el staff de palacio -con lacayos, butler, costurera, ama de llaves y veleidoso chef francés entre otros- para organizar y poner todo a punto, al mando de un mayordomo insoportable que hace a un lado a los locales. Pero no contaba con que el team de Downton no sólo es muy competente sino orgulloso y no se deja pasar por encima tan fácilmente. Así, con una serie de artimañas libran la batalla, incluido el emblemático Carson (Jim Carter), que ha vuelto llamado por Lady Mary para  dirigir tan magna ocasión.

La presencia de Carson obviamente humilla a quien lo ha sucedido, el traicionero Barrow (Rob James-Collier), quien aprovecha su licencia de responsabilidades para explorar su homosexualidad, animado por uno de los mozos reales en una interesante revelación de cómo se manifestaba a principios del siglo veinte.

Pero, como siempre, la que se roba la película con su encantador  y anacrónico sarcasmo es la abuela condesa Lady Violet (brillante Maggie Smith) y frases como: “Yo nunca discuto, yo explico”. Esta “grandma” sufre por nuevas disputas de su herencia con deliciosas cuotas de humor que tienen el lado serio de salvar la tradición y status de la familia Crawley y que ve a su nieta Mary como sucesora en propiedad.

Lord (Hugh Bonneville) y Lady Grantham (Elizabeth McGovern) viven con placidez esta etapa, alejados de la primera línea, siempre atentos a sobrellevar lo que sea que golpee sus vidas o su  jerarquía social, desde la primera temporada con el hundimiento del Titanic, la transformación en hospital de la mansión en la post guerra, el advenimiento de las luchas sociales y el fin de ciertos privilegios.

Indiscutiblemente maravillosa de ver, con paisajes, decorados vestuarios de ensueño y un gran vals final (“Sunset Waltz”, John Lunn & The Chumber Orchestra of London).

En todos los cines. TE. 2 horas.

Vea el trailer aquí.

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