Hay algo allá afuera es presentado por:
Publicado el 29 de octubre, 2020

Con la llegada de la primavera…

Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo Gabriel Carvajal

Cuánto han cambiado las reglas de convivencia en esta “casa de todos” que es la ciudad y que hemos descuidado tanto; somos una familia que ya no lo es. Estamos divididos, inseguros, temerosos de circular libremente, sobre todo acercándose a las zonas de conflicto. Vivimos una ciudad físicamente tan polarizada como nuestras ideologías y posturas frente a la vida y a lo que entendemos por democracia y sociedad, de paso destruyendo patrimonio y memoria.

Gabriel Carvajal Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo

Con la llegada de la primavera, otros aires, ligeros y suaves, parecieran impregnar las brisas mañaneras con olor a jazmines y diamelos. Se avanza en las fases de desconfinamiento y comenzamos a ver cómo las calles de algunas zonas se llenan de gente, autos, bulla, recobrando vida…. como si la ciudad estuviera despertando de una hibernación (obligada, por cierto). Los espacios públicos adquieren la vitalidad perdida y se colman los lugares de encuentro, cafés, restaurantes, plazas, parques… casi se puede oír, tras bambalinas, “El Brindis” de la ópera “La Traviata” de Giuseppe Verdi… y también renacen las galerías de arte, que reciben grupos acotados de visitantes, ansiosos de volver a tener contacto directo, convivir con lo que les/nos apasiona.

Se reabren muestras, algunas que se tuvieron que cerrar en marzo sin siquiera ser inauguradas, como la exposición “Archipresente” de Colección/Fundación Ca.Sa en el Centro Cultural El Tranque, comuna de Barnechea -que sí, actualmente se puede recorrer en forma presencial-, curada por Paula Solimano, quien escoge casi 50 obras de la colección y crea un relato personal bajo su particular lente. También la excelente muestra “Todo lo que puede un cuerpo”, del artista Vicente Prieto Gaggero, en Matucana100, con tres magnificas obras que hablan del “origen”, curada por José Manuel Velmar (desgraciadamente cerró hace una semana, pero seguro va a intinerar). Y se han recién inaugurado, entre otras, “Implosión lineal II” de la artista cinética Liliana Iturriaga en la Galería Animal; “Luna Nueva”, del archiconocido artista escultor Francisco Gazitúa en Galería Artespacio; la colectiva, curada por Thiago Verardi (Brasil), “Viaje hacia la Luz” en galería Isabel Aninat… y así varias más que dejo como tarea investigar (en Galería Patricia Ready, Galería Isabel Croxato, Proyecto Moneda, Factoría Sta. Rosa, CV Galería etc.).

Pero como todo y en todo -más aún en los tiempos inciertos, difíciles y de inseguridad que se viven- siempre hay otra cara de la moneda. La semana pasada, precisamente visitando el cierre de la exposición de Matucana100, a la que fui con mi amiga, entusiasta coleccionista, Geraldine Compton -en un auto de alquiler, evitando riesgos- cuando nos disponíamos a emprender viaje de retorno, terminada la “visita guiada”, gentilmente nos ofrece traernos de vuelta Guadalupe Valdés, destacada artista, que había llegado sola y estacionado su auto afuera, en la calle Matucana, a unos cuantos metros del acceso al centro cultural. Grande fue la sorpresa del “estacionador” cuando la vio regresar acompañada, y más grande aún la sorpresa nuestra cuando el personaje en cuestión le dice “tiene una rueda pinchada” y con titubeos -al ver que el escenario para él había cambiado- ofrece hacer la reposición del neumático por el de repuesto, a lo que por acertada desconfianza y seguridad dijimos que no y nos fuimos a la bencinera más cercana. Para no alargar la historia -bajo peritaje de la vulcanización- el pinchazo había sido proferido por el “cuidador” de autos y no quiero imaginar con qué finales intenciones. Cuento este poco grato episodio para contextualizar y constatar cómo por momentos se hace “densa” esta brisa con ya temperaturas estivales y cómo se distorsionan los inocentes olores a primavera….

Cuánto han cambiado las reglas de convivencia en esta “casa de todos” que es la ciudad y que hemos descuidado tanto; somos una familia que ya no lo es. Estamos divididos, inseguros, temerosos de circular libremente, sobre todo acercándose a las zonas de conflicto. Vivimos una ciudad físicamente tan polarizada como nuestras ideologías y posturas frente a la vida y a lo que entendemos por democracia y sociedad, de paso destruyendo patrimonio y memoria. Hemos tirado los muebles por la ventana. ¿Hasta cuando? ¿Lograremos la ansiada reconciliación y el necesario respeto después del  triunfo del “Apruebo”?

Nos quedan largos meses de discusión y acuerdos. Hay que rearmar la “casa”. ¡Que toda esta trifulca vivida por meses sirva -tal cual nos ha servido a cada uno de nosotros en el periodo de encierro- para ordenar nuestro hogar! Eliminar lo accesorio, ir a lo medular, reordenar los muebles/ideas, buscar consenso y equidad. Quiero creer que seremos capaces de mirar un futuro común donde cohabitemos un Chile para todos.

Pero todo tiene un desenlace. En “La Traviata” de Verdi, que cierra el primer acto con el famoso y festivo brindis citado, al final, Violetta, la protagonista, agónica -en lo que se suele llamar la mejoría de la muerte -declama dramáticamente -en italiano, por supuesto- la trágica frase: “renace en mí… me agita un insólito vigor” y muere… No podemos permitirnos emular tal desenlace como país… prefiero creer que podremos brindar por acertadas resoluciones y empezar a respirar aires puros de primavera.

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