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Publicado el 09 de julio, 2020

Arte, mitos y ritos

Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo Gabriel Carvajal

La música es un grandísimo instrumento de compañía y alivio en tiempos de crisis, como nos recuerda el barítono, pianista y escritor español Ramón Gener en un profundo libro en el que aborda la muerte de su padre. Yo lo extiendo al arte en todas su manifestaciones, que resulta ser un refugio y herramienta de consuelo, distracción y reflexión.

Gabriel Carvajal Arquitecto y coleccionista de arte contemporáneo

Ramón Gener -ex cantante de ópera, músico, escritor y comunicador- en su libro “El Amor te hará inmortal” habla de la muerte de su padre. Cuenta que murió “dos veces”: la primera, cuando le dio Alzheimer y dejó de reconocer a todos; y la segunda, cuando abandona su cuerpo en diciembre del 2013. Escribe este libro en base a esa experiencia y a los sentimientos -algunos aparentemente contradictorios- que lo inundaron en ese proceso: aislamiento, no quería saber de nada ni de nadie; soñar, soñaba cada noche con su padre; llorar, lo hacía frecuentemente inundado de pena, casi a diario; alivio, cuando su padre murió después de 10 años habitando otro mundo; culpa, por el sentimiento anterior; castigo, así tomó el vivir “dos veces” la experiencia de la muerte de su progenitor a quien tanto quiso.

Para expiar esas emociones, en su escrito recurre a la ayuda de las Moiras del destino -él dice, sus ángeles de la guarda- que lo llevarán a otras épocas con distintos personajes relacionados con la música y que viven episodios con idénticos conflictos. De esas visitas aprende a sobrellevar y encontrar respuesta y salida a sus propias pugnas. Es así como estos tres personajes de la mitología lo transportan a ver a Giuseppe Verdi en 1842 a Milán, cuando, habiendo perdido a sus dos hijos y su mujer, se quiere aislar del mundo. Luego fue a la corte de Felipe V, rey de España, en la segunda mitad del Siglo XVIII, afectado de melancolía; está acompañado de Farinelli, el cantante más famoso del mundo en ese momento y que durante 20 años, todos los días (noches), le cantó la misma aria. También fue donde María Callas en 1977, en el momento que decide morir y dejar de soñar (y no despertar más) con el amor de su vida, Aristóteles Onasis… Y así, suma y sigue. Son siete visitas a lugares y personajes en espacio/tiempo distintos, donde estas tres diosas griegas lo llevan para sanar sus heridas.

Las Moiras del destino son tres: Cloto, que hilaba la hebra de la vida de todos y cada uno de los habitantes del universo, incluidos los dioses mitológicos; Láquesis, que, provista de toda clase de instrumentos de medida, le asigna una longitud/tiempo al destino de la persona en cuestión; y finalmente Átropos, que con una gran tijera corta ese hilo y queda trazado así finalmente el hado de cada cual y definida, incluso, su forma y hora de morir.

Lo que me hizo pensar en este libro es cómo el texto entrelaza conceptos como la muerte, la música, la literatura, tres ejes tan presentes en tiempos de pandemia y encierro; cómo las historias de los artistas concertados son ejemplos de resiliencia; y cómo el autor los toma para su propia sanación…. Finalmente, la importancia que representa vivir “con” y “en” el arte.

Esta apasionante historia, real en cuanto a los hechos ocurridos en cada una de las “visitas” del escritor a los siete personajes, y dotada de gran conocimiento histórico y musical al ser guiado por sus ángeles guardianes, me motivó a escribir esta nota por un par de conceptos relevantes que quedan de manifiesto oyendo sus entretenidísimas charlas sobre el libro en YouTube.

Primero, la música, como una expresión del arte. Cómo a través de ella nos conectamos con las emociones, de diferentes formas. Según Stefan Koelsch, psicólogo y músico noruego, no importa el lugar y el origen de las personas, todos sentimos las mismas emociones y estímulos -tristeza, alegría, inquietud- frente a determinado tipo de piezas musicales. Neurocientíficamente está comprobado que la música ayuda en la terapia emocional de las personas, debido al impacto que causa una melodía en el núcleo emocional del cerebro. Dicho en otras palabras, la música es un grandísimo instrumento de compañía y alivio en tiempos de crisis, ya sean personales o multitudinarias, como una pandemia. Cuando uno está triste busca la compañía de música acorde con esa emoción, así también, si uno esta feliz, busca música alegre. Nadie triste oye un rock and roll, como nadie que está eufórico de alegría oye un réquiem. Gener sugiere también que la música es un agente de viaje, que nos transporta a diferentes territorios apenas oímos una melodía o canción asociada a un lugar o país, queda explícito en la música popular y folclórica. Por otro lado, la música clásica tiene la particularidad, a juicio personal, de ser más “abstracta” por decirlo de una forma fácil; nos entrega pocos elementos que se asocien con realidades concretas, nos deja libres de imaginar y sentir cualquier emoción, situación o momento. Son los misterios y lo apasionante de la música… Y lo más sorprendente, ¡con un “abecedario” de solo 7 notas musicales!

Lo segundo que me hace pensar el texto de Gener es esta visión de morir “dos veces”; no puedo dejar de asociarlo con los ritos actuales a seguir, obligados por la pandemia: el cambio de hábitos y costumbres. Por estos días el adiós a nuestros muertos está lejos de ser lo que era, son pequeñas ceremonias llenas de restricciones y me queda la sensación de una despedida trunca. ¿Llegará el minuto en que, más “libres”, debamos hacer otro duelo, cumplir con otro rito que alivie nuestras penas? ¿Será como vivir la muerte dos veces? Quizás sea solo imaginación mía, al tener la suerte de no haber vivido el trance en esta dura época con Covid19. Es algo que me inquieta, estamos con la muerte muy presente y desgraciadamente, como una opción muy cercana.

Ojalá mis tres nuevas y mejores amigas, Cloto, Láquesis y Ácropos, las Moiras del destino, nos hayan hilado, medido y acotado un final mas allá de esta dura crisis que nos enfrenta al dolor y la incertidumbre. Afortunadamente contamos con el ARTE en todas sus manifestaciones como refugio y herramienta de consuelo, distracción y reflexión. Al parecer nadie muere ni un día ni un minuto antes o después de lo asignado.

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