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Publicado el 09 de abril, 2020

“American Factory”: Fusión de culturas en olla a presión

Periodista Virginia Araya
Virginia Araya Periodista











Higher Ground es el nombre de la productora que Barack y Michelle Obama crearon el año pasado para apoyar con financiamiento proyectos  audiovisuales que contaran buenas historias. Ellos mismos lo explican al final del documental, en una conversación con los realizadores Julia Reichert y Steven Bognar, que quisieron testimoniar lo que pasó en su pueblo. “Lo interesante de esta película –dice Barack Obama- es que impresiona el grado de confianza que lograron los realizadores con trabajadores y ejecutivos, dejándolos grabar y que todos opinaran libremente”.

Los Obama descubrieron “American Factory” en el Festival de Cine de Sundance y se la ofrecieron  a Netflix. El broche de oro fue este año cuando ganó el Óscar a mejor documental largo.

Aparentemente es la historia de una exitosa inversión china en Estados Unidos luego del cierre de fábricas en la crisis de 2008, en este caso, de la General Motors en Dayton, Ohio. Aparentemente exitosa, porque tiene muchas lecturas y vamos cambiando de perspectivas y sentimientos a lo largo de la película que permite interesantes reflexiones en torno a lo que hemos vivido el último tiempo, como el cierre de pymes o con la negociación de la jornada laboral.

La historia parte con el cierre de la planta de ensamblaje de autos de GM y su impacto en una típica ciudad del medio oeste norteamericano, con miles de operarios que quedaron  sin trabajo. Dos años después, el millonario chino Cao Dewang invierte 500 millones de dólares para reabrir la fábrica y poner una filial de su empresa Fuyao Glass Industry Group, el más importante proveedor de vidrio automotriz del mundo.

Dewang contrata a muchos de los cesantes, pero trae consigo a trabajadores chinos con la idea de impresionar a los estadounidenses y que cambien su percepción de la cultura china. Esta buena y esperanzadora noticia se va desvaneciendo de a poco.

El proceso de instalación y puesta en marcha de Fuyao Glass America impresionan con la supervisión directa de Dewang hasta en los mínimos detalles y cuya mayor preocupación es conseguir altos niveles de producción y generar utilidades.  La inauguración en 2016 incluye el  bautizo de  la calle como “Avenida Fuyao”,  pero también el discurso de un senador del estado que se sale de libreto refiriéndose a la inexistencia de un sindicato.

Esto enciende las alarmas. Para Dewang si se forma un sindicato en la planta va a interferir en la productividad y tendrá que cerrarla para no perder dinero. Lo importante no es el ser humano.

En este esquema,  los operarios chinos encajan perfecto pues están acostumbrados a turnos de 12 horas y sólo 2 días libres al mes; pero para los norteamericanos, los turnos son de 8 horas y trabajo de lunes a viernes. Con un salario inicial de U$14 la hora, empiezan a convivir con una suerte de  tutores chinos que les van enseñando la precisión en la elaboración de los vidrios y comienzan los roces…Los chinos consideran que los americanos se quejan mucho, son torpes, lentos y conversadores. Los gringos sienten que los asiáticos son inexpresivos, fríos, trabajólicos y sin vida familiar.

Las cosas no funcionan y llevan a la plana de ejecutivos estadounidenses a la matriz en China para interiorizarlos de la “cultura Fuyao” y desde lo físico hasta los rituales de agradecer y cantar himnos en los turnos, las diferencias son abismales. Acá todos los trabajadores son miembros del sindicato de la empresa que coincide con el comité  del Partido Comunista. Notarán la extravagancia y concientización en la celebración de fin de año.

La situación no remonta y Dewang –cuyo objetivo de la vida es trabajar y demostrar patriotismo- despide a todos los ejecutivos americanos y pone a chinos.  Las precarias condiciones de seguridad, las exigencias de producción y los bajos salarios llevan a que comience una campaña por la sindicalización y comienzan los despidos, pero no será el único problema.

Una suma de testimonios  va articulando el relato y mostrando muchas caras del problema. No sólo es una difícil relación entre culturas, sino sobre  el poder, sobre  la vulnerabilidad aprovechada, sobre la manipulación del concepto “clase trabajadora” no para justicia social sino para enriquecimiento desde cualquier ideología.

En una entrevista  Cao Dewang sostuvo: “En este documental hay críticas a mi persona, pero no estoy preocupado por el impacto negativo”.

Para gerentes. 110 min.

Vea el trailer aquí.

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