100 metros es de esas películas que dejan una moraleja potente en el espectador, mientras este termina de secarse las lágrimas. Estrenada en 2016 en las salas de cine españolas y con una taquilla de 400 mil espectadores, saltó luego a Netflix para su internacionalización y, recién el año pasado y en medio de la pandemia, se transformó en unas de las favoritas de la plataforma de streaming.

Basada en la historia real de Ramón Arroyo, el filme cuenta en 108 minutos la historia de un exitoso profesional bilbaíno y padre de familia treintañero, a quien el cuerpo le empieza a fallar de un momento a otro. Tras una serie de exámenes y con episodios de dolor e invalidez cada vez más seguidos, es diagnosticado con esclerosis múltiple.

La opinión de los médicos y otros enfermos con los que convive mientras le administran las medicinas es unánime: la enfermedad degenerativa no perdona, su cuerpo se irá apagando rápidamente y, en el corto plazo, no será capaz de recorrer ni siquiera 100 metros.

Ramón (Dani Rovira), en esa respuesta que sólo los héroes tienen frente a la adversidad, se niega a dejarse consumir tan rápido por la enfermedad y decide, de un día a otro, comenzar a prepararse para participar, ni más ni menos, en un Ironman. Con el apoyo incondicional de su mujer Inma (Alexandra Jiménez) y su pequeño hijo, Ramón comienza el entrenamiento en medio de fuertes ataques físicos y anímicos, bajo la tutela constante de Manolo (Karra Ekejalde), su suegro, ex profesor de educación física, viudo, alcohólico y adicto a la marihuana. Es esta relación, la de Ramón con Manolo, la que se roba la historia, pues ambos habían tocado fondo y juntos, de la mano, día a día, construyen una leyenda.

La película, escrita y dirigida por Marcel Barrena, ha sido nominada entre otros a los Premios Goya, Forqué y Gaudí y ha recibido el reconocimiento científico con el Premio de la Sociedad Española de Neurología.

El drama logra aunar con equilibrio justo una historia trágica con cuotas de humor precisas, y es que en medio de la desgracia, siempre hay espacio para una carcajada más.

Al verla se es testigo de cómo el arco dramático de ambos protagonistas va cambiando discreta pero decididamente, desde un “todos sufrimos una enfermedad degenerativa incurable: la vida”, hasta el “rendirse no es una opción”.

Al final, saber si el gran Ramón logra nadar los 3,86 kilómetros, pedalear otros 180 kilómetros y correr nada menos que 42,2 kilómetros más es un detalle al que hay que estar atento, pero más importante es saber que en la península ibérica realmente existe un hombre diagnosticado de esclerosis múltiple que hasta la fecha ha logrado recorrer su vida de manera sobresaliente.

La enfermedad no perdona y avanza con rapidez.

Ramón no se rinde y decide ganarle la carrera.

En Netflix.

Trailer aquí.

Alberto López-Hermida

Decano Facultad de Comunicaciones Finis Terrae