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Publicado el 08 de diciembre, 2019

Sergio Merino: Desempleo: Decidir en conciencia

Presidente de USEC Sergio Merino

En las circunstancias actuales, desvincular debe ser la última medida que adopte un empresario, y debemos hacer todos los esfuerzos para no llegar a ello. Si la empresa “flota”, no se debería despedir a nadie. Si es inevitable tener que despedir a alguien, debe ser visible y evidente que se intentó salvar la situación por todos los medios.

Sergio Merino Presidente de USEC

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En este tiempo de crisis, muchas empresas tendrán que cerrar o reducir el número de colaboradores. Es una catástrofe tanto más terrible cuanto que es una crisis de empleo autoinducida. Hoy, por razones de violencia y descontrol, hay más de 80 mil personas que han perdido su fuente de trabajo de modo injusto y doloroso, y, si no hacemos nada, el número de personas despedidas puede superar fácilmente las 300.000. Provocar deliberadamente el desempleo es una flagrante violación a los derechos humanos, que ninguna comisión internacional u ONG va a venir a Chile a certificar. Hay que decirlo con claridad: esas 300 mil personas y sus familias tienen rostro, y el que ilegítimamente deja a otro sin trabajo esconde el suyo de modo cobarde detrás de una capucha. Al que saqueó un local o vandalizó un negocio, cuando vea a alguien de su familia o de su círculo cercano desempleado, espero que reconozca “esto es así porque yo lo provoqué”.

Decirle a una persona que no puede seguir trabajando en una empresa, sobre todo en momentos como los que vivimos, es de las situaciones más difíciles en la vida laboral de cualquiera; quizás lo único peor sea tener que cerrar la empresa. Desvincular a alguien no es un escenario en el que se elige entre lo bueno o lo malo, sino que entre lo malo y lo peor.

En las circunstancias actuales, desvincular debe ser la última medida que adopte un empresario, y debemos hacer todos los esfuerzos para no llegar a ello. Si la empresa “flota”, no se debería despedir a nadie. Si es inevitable tener que despedir a alguien, debe ser visible y evidente que se intentó salvar la situación por todos los medios.

Comunicar la situación y ser transparentes respecto del estado de la empresa es imprescindible para crear el ambiente de confianza necesario, a la vez que debemos apelar a toda nuestra capacidad de emprender y de creatividad, en conjunto con nuestros colaboradores, para encontrar nuevas oportunidades y formas de enfrentar la situación. De acuerdo con la realidad de cada empresa, se pueden negociar rebajas voluntarias de remuneraciones, postergación de beneficios, incluso disminuir la jornada laboral de modo que sea evidente que se está cuidando al mismo tiempo la sostenibilidad de la empresa y el trabajo de todos. Y si nada de eso es suficiente y es inevitable desvincular a alguien, intentemos mantener en el trabajo a aquellos que son el único sustento de sus familias o que tienen más personas dependientes de su ingreso; lo mismo con aquellos que por razones de edad, estudios, capacitación o redes de apoyo tendrán más dificultades para encontrar un nuevo empleo.

En estos difíciles momentos, es tan importante la sensación de justicia como la justicia misma: debe ser evidente que todos se aprietan el cinturón y que el hilo no se va a cortar por lo más delgado. Si se mira en perspectiva, en estas horas de dificultad se estarán forjando lazos de lealtad que después, cuando la crisis pase, serán la base para una empresa mucho más sólida, en la que habrá relaciones más profundas y humanas.

La tarea del empresario, ejecutivo o emprendedor hoy es más difícil que ayer. Aparte de “tirar el carro” es responsable de dar confianza a las personas que tiene a su cargo de que saldrán adelante juntos; a sus clientes y consumidores de que seguirán trabajando por ellos; y a sus proveedores de que no los dejarán abandonados. En estos duros momentos, debemos esforzarnos aún más por construir empresas que sean verdaderas comunidades de personas, en las que hay fines comunes –no antagónicos– entre trabajadores y empresarios, empresas en las que no se compite ni se lucha, sino que se “co-labora”, es decir, se trabaja junto a otros. Esas empresas son un aporte en términos de humanidad, honestidad, justicia, solidaridad y caridad.

En este día de la Inmaculada Concepción, nos consagramos, junto a nuestras empresas, a la Virgen del Carmen y le pedimos a ella que interceda por Chile, que ayude a pacificar los corazones y que volvamos a tener una convivencia sana y fraterna entre todos los chilenos.

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