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Publicado el 27 de octubre, 2019

Sergio Merino: De la conmoción a la acción

Presidente de USEC Sergio Merino

A menudo, la etiqueta de “empresario” o “gerente” nos pone en una categoría distinta respecto de nuestros colaboradores; nos perciben como el dueño de una empresa y no como una persona que también trabaja allí. Más que explicarles lo que hacemos y el objetivo de la empresa, tenemos que darnos a entender y mostrar que la empresa es también para nosotros una fuente de trabajo y de crecimiento humano; que nuestra suerte y la de ellos está en juego en el mismo barco. Sólo a partir de ahí se puede construir un sentido de pertenencia e implementar iniciativas y mejoras que sirvan a todos, dentro y fuera de la empresa.

Sergio Merino Presidente de USEC
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Los hechos ocurridos en los últimos días han obligado a todos a cambiar lo que teníamos programado. Esta columna no es la excepción, pues iba a tratar del seminario anual de USEC sobre ética en las finanzas. Le pedimos a un grupo de expertos chilenos y extranjeros que pusieran bajo la lupa esta importante dimensión de la vida económica, pero la tuvimos que postergar, con la convicción de que estos eventos hacen más necesario que nunca conversar sobre la raíz ética de las finanzas. Sin embargo, esta conversación quedará para otro momento.

Al repasar los acontecimientos de los últimos días, lo primero y más importante es dejar establecida la condena total y absoluta a la violencia, al saqueo y a los destrozos; lamentar las muertes que han ocurrido porque al momento de escribir estas líneas ya no están con nosotros 17 personas. El Papa Francisco nos lo dijo cuando visitó Temuco: “La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”. La violencia no sólo destruye, sino que además corrompe, engaña, perjudica a muchos inocentes y afecta con más fuerza a los que tienen menos.

Es natural que la mirada se pose sobre las empresas cuando se buscan las causas y las soluciones. Y más nos vale a los hombres y mujeres de empresa, ejecutivos y empresarios, que sepamos explicar detenidamente en qué consiste nuestra actividad para poner en relieve el sentido profundo que la inspira. A pesar de todo lo vivido, pienso que esto puede ser una oportunidad. Desde hace mucho tiempo que en el mundo de las empresas y del emprendimiento vienen surgiendo iniciativas empresariales notables por su creatividad, vocación de servicio a las necesidades sociales más diversas, respeto por el medio ambiente, impacto social positivo, conciliación trabajo y familia, y un largo etcétera. En USEC hablamos de la empresa como una noble vocación y ahora queremos reafirmar y confirmar esa convicción. Este remezón debe obligarnos a multiplicar, acelerar, motivar que todas esas iniciativas positivas florezcan, constituyan una real prioridad y se implementen en la mayor cantidad de empresas posibles. Debemos ser parte de la solución, mediante una acción más decidida con acciones que tengan este propósito.

¿Cuál debe ser nuestra actitud como ejecutivos y empresarios? La primera prioridad es cuidar y aumentar las confianzas al interior de la empresa. Se empieza por tener un diálogo franco y abierto con todos nuestros colaboradores, escuchar y hablar, asegurarse de que entendimos y nos dimos a entender bien. Habremos construido el primer tipo de vínculo de confianza sin el cual no se puede hacer nada en común.

A menudo, la etiqueta de “empresario” o “gerente” nos pone en una categoría distinta respecto de nuestros colaboradores; nos perciben como el dueño de una empresa y no como una persona que también trabaja allí. Más que explicarles lo que hacemos y el objetivo de la empresa, tenemos que darnos a entender y mostrar que la empresa es también para nosotros una fuente de trabajo y de crecimiento humano; que nuestra suerte y la de ellos está en juego en el mismo barco. Sólo a partir de ahí se puede construir un sentido de pertenencia e implementar iniciativas y mejoras que sirvan a todos, dentro y fuera de la empresa.

La empresa, por definición, está pensada para salir fuera de sus muros, pues su fin es servir al bien común. Esa actitud de diálogo debe extenderse a toda la comunidad, porque el cuestionamiento viene de ella. No es fácil ni hay recetas de cómo hacerlo, pero tenemos que abocarnos a esta tarea.

Hay que trabajar el doble, poniendo iguales dosis de empeño, creatividad y recursos tanto en la tarea de dialogar y explicar lo que hacemos, por qué y para qué lo hacemos,  como en el trabajo mismo. Si hay una lección que sacamos de esta crisis es que los hombres y mujeres de empresa tenemos la obligación moral de contribuir al bien común mediante la construcción de una sociedad mejor, avanzando en justicia y recuperando el respeto mutuo y la sana convivencia, al mismo tiempo que ofrecemos buenos productos y servicios, creamos muchos y buenos empleos, obteniendo y distribuyendo utilidades con justicia. No hay atajos ni excusas.

 

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