En 1984, para su reelección, el Presidente Reagan emitió un spot de campaña que decía algo más o menos así: “Hay un oso en el bosque. Para algunos, el oso es fácil de divisar; otros no lo ven en absoluto. Algunos dicen que el oso es peligroso; otros dicen que no tanto. Ya que es imposible saber quién está en lo cierto, ¿no es mejor ser tan fuerte como el oso?”. El aviso se refería, por supuesto, a la guerra fría con la URSS (el oso es un símbolo potente para los rusos), pero su contenido es perfectamente aplicable para lo que estamos viviendo hoy en la Convención.

Desde el principio del proceso, algunos han intentado señalar que no hay que preocuparse, sino hasta que haya un texto definitivo. Durante los primeros meses, cuando los convencionales más extremos comenzaron a mostrar los dientes, amenazando con terminar con el Estado unitario de Chile, expropiar la minería y otras actividades extractivas, y echar mano a los fondos de pensiones, se dijo que era pura bravata. Cuando tales ideas y otras atrocidades comenzaron a ser aprobadas en comisión, estos “buenistas” dijeron que daba todo lo mismo, que lo importante era el Pleno. Y ahora que el Pleno no ha hecho más que confirmar lo que los mismos convencionales comenzaron a decir desde el día uno, siguen llamando a la calma, porque faltaría la instancia de la armonización.

Incluso Daniel Matamala, un buenista de tomo y lomo, escribió una columna a fines de enero titulada “Que no panda el cúnico”, en la que señalaba frases como “por malas que sean, estas son apenas ideas presentados por grupos minoritarios, a años luz de conseguir los 2/3 para ser aprobadas”, o “nada, nada, nada, absolutamente nada, está aprobado todavía. Quien dice lo contrario, miente”. ¿Para qué preocuparse? ¿Quién dijo que hay un oso en el bosque?

Apenas 40 días después de su columna, es fácil advertir que Matamala estaba completamente equivocado: las ideas descabelladas impulsadas “por una minoría” han ido marcando el paso del Pleno, y muchas de ellas se han aprobado sin dificultades. Pero así y todo, la doctrina del buenismo sigue teniendo un montón de adeptos, incluso en la centroderecha, aunque movimientos como los Amarillos por Chile están demostrando que a muchos se les está acabando la paciencia. ¿Too little too late? Ya lo veremos.

Podemos seguir pretendiendo que aún no hay un oso, pero con esa filosofía seguiremos perdiendo preciosas semanas para organizar una contraofensiva, no para anticipar un “Rechazo”, sino para moderar el contenido de lo aprobado, negociar aunque sea algo, o buscar un Plan B que sea políticamente viable. Ya conocemos a los constituyentes hace meses; les hemos sacado la foto, sabemos sus agendas. Pretender que espontáneamente cambien de opinión radicalmente es de una ingenuidad tremenda, y no aguanta ningún análisis. Es momento de confiar en las tripas, y más aún, en los indicios que desde hace meses atrás nos van indicando hacia dónde va la micro.

Indicios. Esa era la palabra clave a fines de enero, y la sigue siendo a principios de marzo. Los indicios crean un estado de alerta y nos permiten anticiparnos a escenarios complejos y desconocidos. Renunciar a ellos es ilógico y contraproducente. Imagine que usted llega a su casa y ve que la puerta ha sido forcejeada. ¿Podría asegurar que le entraron a robar? No del todo, pero el indicio le hará entrar de forma mucho más cautelosa, revisar todo y marcar el 133 en su celular. La reacción no puede partir ante la constatación del robo; tiene que partir antes. Cuando hay un indicio de que algo no anda bien.

¿Cuándo comenzaron los indicios de que no todo andaba bien en la Convención? Hace mucho tiempo. ¿Y por qué no se ha alzado entonces como una fuerza potente? Pues mientras hayan voces que llamen a no hacer nada hasta que haya un texto sagrado y sacramentado, perderá fuerza la idea del “mamarracho” (palabras del convencional Harboe) y no conseguirá ser un frente común. Mejor asumir que ya puede pandir el cúnico, pues ese estado de alerta nos permitirá estar mejor preparados para buscar una alternativa que sea constitucionalmente sólida, políticamente admisible y comunicacionalmente rentable. De ahí la importancia de que todos podamos asumir de que efectivamente estamos frente a un oso, y que definitivamente es peligroso. Si no, terminaremos hundidos en el peor de los mundos: en el abrazo del oso.

*Roberto Munita es abogado.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta