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Publicado el 30 de abril, 2019

Patricio Navia: Salvar el capitalismo del nepotismo

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

Un gobierno que promueve un discurso de meritocracia e igualdad de oportunidades debiera estar especialmente consciente del daño que le hace la sospecha de que no practica lo que predica.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Aunque muchos creían que el principal problema que enfrentaría el Presidente Sebastián Piñera en su gira a China sería la presión del gobierno estadounidense para evitar demasiado acercamiento con la empresa tecnológica Huawei, la participación de dos de sus hijos terminó por convertirse en el mayor dolor de cabeza de ese evento diseñado para reposicionarlo más allá de la trinchera de disputas políticas cotidianas.

En principio, no es nada nuevo que los presidentes confíen a familiares cargos de importancia o que incluyan a familiares cercanos en sus giras al exterior. Todos los Mandatarios anteriores lo han hecho. Pero que algo sea común no significa que sea bueno. Además, las sociedades evolucionan. Lo que era considerado como aceptable hace 10 ó 20 años ahora puede no serlo.

Ahora bien, llevar a familiares en una gira oficial siempre fue una mala idea. Si un presidente quiere viajar con la familia, puede hacerlo en sus vacaciones y sin que la cuenta la tengamos que pagar todos los contribuyentes. Afortunadamente, ahora hay más voces que comprensiblemente se indignan cuando los gobernantes no cuidan debidamente los fondos públicos y confunden cuestiones de estado con planes de viajes familiares.

Para un emprendedor, ser incluido en una gira presidencial es una oportunidad para conocer gente, para acercarse a los círculos de poder y para generar oportunidades de negocio.

Pero la decisión de los presidentes de incluir a familiares en sus giras oficiales tiene implicaciones negativas más allá del costo fiscal. La discrecionalidad que impera cuando se decide a qué personas se van a invitar a una gira inevitablemente despierta sospechas de nepotismo, amiguismo y favoritismo. Es cierto que las giras presidenciales son ocasiones para que los presidentes premien y castiguen a sus funcionarios y a líderes empresariales y de la sociedad civil. Recibir una invitación a una gira le permite a un empresario hacer alarde su cercanía con el gobierno o mostrar a sus pares lo bien considerado que está en La Moneda. Para un emprendedor, ser incluido en una gira presidencial es una oportunidad para conocer gente, para acercarse a los círculos de poder y para generar oportunidades de negocio. En el mundo de los negocios, conocer gente y crear redes es un paso necesario para poder ser exitoso.

De ahí que, al incluir a sus hijos, el Presidente Piñera inevitablemente excluyó a otros jóvenes emprendedores dedicados a los negocios tecnológicos que, pudiendo tener tantos o más méritos que los hermanos Piñera Morel, carecen de los contactos o las relaciones familiares. Nunca podremos saber si había otros candidatos a esa gira que tuvieran más méritos que los hijos de Piñera porque el gobierno nunca abrió la oportunidad a que meritorios emprendedores pudieran acceder a esas oportunidades que el gobierno distribuye a los miembros de su círculo de conocidos.

Esta predilección del Presidente por preferir a familiares y conocidos en vez de introducir mecanismos meritocráticos para seleccionar funcionarios de gobierno o jóvenes emprendedores para ser invitados a las giras debilita tanto el discurso a favor de la meritocracia de su gobierno como el principio de legitimidad en el que se sustenta el modelo de libre mercado.

Es comprensible que muchos simpatizantes del oficialismo denuncien la reacción de la oposición de aprovechar esta polémica para criticar al Presidente Piñera y para debilitar a su gobierno como un ejemplo del doble estándar. Después de todo, los gobiernos de centroizquierda anteriores se comportaron de la misma forma al favorecer a parientes y amigos en invitaciones a giras presidenciales y en uso de redes familiares y de amigos para acceder a puestos y recursos gubernamentales. Pero el hecho que los voceros que articulan la crítica no tengan legitimidad para hacerla no invalida la crítica. Un gobierno que promueve un discurso de meritocracia e igualdad de oportunidades debiera estar especialmente consciente del daño que le hace la sospecha de que no practica lo que predica. En vez de privilegiar la meritocracia y hacer esfuerzos para evitar cualquier sospecha de nepotismo y amiguismo en las decisiones que toma el gobierno, Piñera convirtió la gira presidencial a China en una ocasión para que sus críticos argumenten que no es consecuente con lo que dice.

Es ampliamente conocida la tendencia del actual Mandatario para desoír los consejos que sugieren mantener a los familiares alejados de situaciones que alimenten la sospecha de nepotismo. Parece inevitable que en los años que quedan de su gobierno volveremos a encontrarnos con ejemplos de cómo las relaciones familiares se imponen por sobre los criterios objetivos de la meritocracia en la forma en que el Presidente Piñera toma algunas decisiones. Lamentablemente, porque la base sobre la que se construye la credibilidad del capitalismo es que todos tienen las mismas oportunidades, esta predilección del Presidente por preferir a familiares y conocidos en vez de introducir mecanismos meritocráticos para seleccionar funcionarios de gobierno o jóvenes emprendedores para ser invitados a las giras debilita tanto el discurso a favor de la meritocracia de su gobierno como el principio de legitimidad en el que se sustenta el modelo de libre mercado.

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