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Publicado el 03 de mayo, 2019

Patricio Navia: Muchos tiros al arco, pocos goles

Sociólogo, cientista político, académico UDP Patricio Navia

En vez de seguir anunciando proyectos de reforma, el gobierno debiera concentrarse en lograr que alguno de ellos logre convertirse en ley. Solo así podrá ir construyendo un legado que aspire a competir con el abundante legado de reformas que logró promulgar Michelle Bachelet en su segundo periodo.

Patricio Navia Sociólogo, cientista político, académico UDP
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Con su anuncio de un proyecto de reforma laboral, el gobierno del Presidente Sebastián Piñera ha demostrado que es mucho mejor logrando tiros al arco que anotando goles. Porque la agenda de reformas que ha anunciado supera con creces a las que han logrado ser promulgadas, el gobierno está al debe en la construcción de su legado. Emulando al Presidente Piñera, quien gusta de usar metáforas futbolísticas para resumir los desafíos de su administración, este gobierno no va a ser capaz de ganar el partido si sigue desperdiciando todas las oportunidades de gol que genera. En vez de centrarse en seguir enviando reformas al Congreso, La Moneda debiera comenzar a focalizarse en conseguir que alguna de las más importantes logre ser promulgada como ley.

En su campaña en 2017, Sebastián Piñera habló de varias reformas que buscarían reposicionar a Chile en el sendero del crecimiento económico sostenido. La tributaria, la de pensiones y la laboral eran las centrales dentro del conjunto que incluía también cambios al sistema educacional y al sistema de salud. Una vez en el poder, el gobierno demoró más de la cuenta en enviar sus reformas más importantes al Congreso. Cuando finalmente presentó la reforma tributaria, por ejemplo, a fines de agosto, la aprobación presidencial ya estaba en problemas. Los legisladores de gobierno y oposición tenían más presión para apoyar una reforma impulsada por el gobierno cuando la aprobación presidencial estaba claramente por sobre el 50%.

Comprensiblemente, ante la debilidad en la aprobación presidencial, los legisladores de izquierda que controlan la mayoría en el Congreso dilataron excesivamente la votación de la idea de legislar la reforma tributaria. Usando resquicios legales, logró posicionar al gobierno para que hiciera numerosas concesiones en el contenido de la reforma como condición para votar a favor de la idea de legislar. Ahora que las concesiones se hicieron, todavía hay bastante incertidumbre sobre las posibilidades reales de que la reforma se apruebe. Así como van las cosas, de ocurrir, la aprobación se producirá hacia fines de año y, dependiendo de si sus efectos logran ser incorporados en la ley de presupuesto de 2020, sus efectos podrían retrasarse incluso hasta 2021. Ese año, como suele ocurrir en los países que enfrentan elecciones presidenciales, los aspirantes a suceder a Piñera inevitablemente volverán a abrir el tema de reforma tributaria.

Como queda poco más de un año para inscribir a los candidatos a las elecciones municipales y de gobernadores regionales de 2020, el bloqueo a la agenda legislativa de Piñera se convertirá en un elemento unificador todavía más importante para la oposición.

Las otras reformas simbólicas de este gobierno están avanzando con igual lentitud. Ya que en parte depende de los recursos adicionales que generará la reforma tributaria, la reforma a las pensiones deberá esperar primero que se apruebe la reforma tributaria antes de entrar en tierra derecha. La reforma laboral que acaba de anunciar el gobierno el día de ayer pudiera ni siquiera lograr pasar la primera barrera legislativa —la idea de legislar. Si al lento avance de esas reformas emblemáticas sumamos las dificultades que han enfrentado reformas que el gobierno ha anunciado en educación y en salud, resulta inevitable concluir que el gobierno ha disparado muchos tiros al arco y, hasta ahora, ha anotado pocos goles.

Ninguna de las principales iniciativas legislativas que anunció Piñera cuando era candidato han logrado convertirse en ley.

Es verdad que parte del problema está en la estrategia de bloqueo que ha usado la oposición. Precisamente porque son muchas más cosas las que separan a los partidos de centro e izquierda que sus puntos de unidad, la oposición ha convertido el bloque a la agenda legislativa de Piñera en la base sobre la que construir una estrategia común. Como queda poco más de un año para inscribir a los candidatos a las elecciones municipales y de gobernadores regionales de 2020, el bloqueo a la agenda legislativa de Piñera se convertirá en un elemento unificador todavía más importante para la oposición. Después de todo, si la oposición se divide y compite entre sí en las elecciones de 2020, el único ganador será el pacto derechista Chile Vamos. Por eso, mientras más se acerquen las elecciones de 2020, más razones tendrá la oposición para construir unidad a partir de la estrategia de bloqueo a la agenda legislativa del gobierno.

Con todo, es indiscutible que el gobierno está al debe en los goles anotados. Como quedó en evidencia con la bien lograda puesta en escena de la propuesta de reforma laboral presentada el día de ayer, el gobierno logra realizar promisorios tiros al arco. Pero hasta ahora, la capacidad de meter goles ha sido bastante reducida. Ninguna de las principales iniciativas legislativas que anunció Piñera cuando era candidato han logrado convertirse en ley. Aunque ha habido muchos espectaculares tiros al arco, La Moneda todavía no puede celebrar ningún gol en sus proyectos emblemáticos.

Como el gobierno ya está en su segundo año, tal vez sea hora de repensar la estrategia de ataque. En vez de seguir anunciando proyectos de reforma, el gobierno debiera concentrarse en lograr que alguno de ellos logre convertirse en ley. Solo así podrá ir construyendo un legado que aspire a competir con el abundante legado de reformas que logró promulgar Michelle Bachelet en su segundo periodo.

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