El desafío más complejo para cualquier candidato exitoso es pasar de prometer lo imposible a bajar las expectativas sobre lo que se podrá conseguir una vez en el gobierno. Precisamente porque su senda de victoria fue tan épica, el presidente electo Gabriel Boric deberá dar señales que moderen lo que sus adherentes pueden esperar de él. De no hacerlo, la luna de miel de su administración será especialmente corta. Después de todo, solo uno de cada cuatro votantes le dio su apoyo en primera vuelta, lo que quiere decir que más de la mitad de los que votaron por él en segunda vuelta no le tuvieron suficiente fe desde un principio.

Si la campaña debe ser siempre en poesía, el gobierno inevitablemente es en prosa. Aunque los candidatos prefieran la lógica de la campaña permanente y quisieran estar siempre en contacto con la gente, la necesidad de gobernar los obliga a prestarle atención a otros asuntos. Igual que una pareja de recién casados, los presidentes recién electos quisieran hacer durar para siempre la luna de miel. Pero lamentablemente, la vida siempre termina por devolvernos a la realidad de problemas, errores no forzados, escándalos y situaciones imprevistas.

Después de las merecidas celebraciones de la noche del 19 de diciembre, el presidente electo deberá realizar un aterrizaje inmediato para comenzar a clarificar las dudas sobre qué tipo de gobierno liderará: el más radical de la campaña de primera vuelta o el más moderado de la campaña de segunda vuelta. Porque su victoria fue tan amplia y decisiva, con una participación mayor que en elecciones recientes, Boric tiene ahora suficiente margen —y un mandato claro— para emprender varias de las reformas que prometió en campaña, tanto en primera como en segunda vuelta. Además, como la convención constitucional también leyó el resultado de la elección como una bofetada en la cara de los que se oponen al proceso constituyente, la victoria de Boric alimentará los vientos refundacionales que la dominan.

La convicción de que una mayoría del país quiere los cambios profundos que prometió Boric al modelo generará preocupación e incertidumbre en los mercados. El temor a una reforma tributaria ambiciosa y a una serie de regulaciones que encarecerán los costos de producción y de la mano de obra inquietarán. Eso a su vez obligará al presidente electo a apurar los anuncios sobre quiénes serán parte de su equipo económico. Si Boric se corre hacia el centro, la convención constitucional y los movimientos sociales le harán la vida imposible por la izquierda. En cambio, si Boric escoge irse por la izquierda, los mercados y los actores económicos reaccionarán mal y se empezarán a formar nubes negras en el horizonte. Como Boric hereda un país con un déficit fiscal creciente (en 5 años doblamos la deuda pública de un 21% a casi un 40% del PIB), cualquier error no forzado pondrá mayor presión sobre el dólar y, en un contexto internacional con tasas de interés al alza, el costo de mantener esa deuda le quitará cada vez más recursos a un gobierno que llegó prometiendo mucho más de lo que podía financiar.

Como muchos de los votos que llevaron a Boric a la presidencia en realidad buscaban frenar la victoria de Kast, la paciencia de la opinión pública con el nuevo gobierno no durará mucho. No hay que olvidar que Piñera también ganó holgadamente su elección a fines de 2017 y, menos de dos años después, su aprobación estaba en el piso.

Sin duda que es mucho mejor tener problemas de presidente electo que morder el polvo de la derrota. Pero precisamente porque los desafíos que hoy enfrenta el país son más complejos que los que enfrentaron los gobiernos anteriores en sus inicios, urge que el presidente electo comience pronto a dar señales sobre cuál será su estilo de liderazgo, quiénes conformarán sus equipos de gobierno y cuáles de todas las medidas que prometió en campaña optará por privilegiar.

Especialmente porque Boric fue un candidato que prometió cosas muy distintas en sus campañas de primarias, primera y segunda vuelta, hay bastante incertidumbre y dudas sobre el tipo de gobierno que buscará dirigir. Así como en su discurso inicial dejó en claro que quería ser el presidente de todos los chilenos, Boric también subrayó que aspiraba a realizar transformaciones profundas, desde terminar con las AFP hasta crear un sistema nacional único de salud. Como su programa de gobierno llama por un importante aumento de impuestos, la multiplicidad de variables que generan incertidumbre económica hará que las próximas semanas tengan mucha incertidumbre, parece razonable que el presidente electo se aboque a la tarea difícil, amarga pero necesaria de comenzar a bajar las expectativas sobre lo que podrá lograr en los 4 años, o el tiempo que dure, su gobierno.

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