He leído tantos libros en mi ya larga vida que no sería capaz de recordarlos todos. Pero hay algunos, no muchos, que conservo siempre en la memoria porque me produjeron un placer estético especial, o porque contenían ideas notables, o porque revelaban aspectos sorprendentes de la realidad. Uno de ellos fue “Los 480”, que era una novelita en que un grupito de sociólogos con un conjunto de computadoras y espléndidamente remunerados, se hacía cargo de la tarea de “fabricar” un Presidente de los Estados Unidos a partir de un individuo que se retiraba del ejército con cierto prestigio bélico. Tenían clasificado en 480 categorías al pueblo norteamericano, según sus características étnicas, religiosas, educacionales, económicas, geográficas y sociales y, conforme fuera la composición de cada audiencia ante la cual el candidato a su cargo debía presentarse, le diseñaban su discurso, su temática, su postura, su sonrisa, su vestimenta y hasta sus gestos. Le estaban estrictamente prohibidas las entrevistas con quienes el equipo no estuviera previamente de acuerdo y cada uno de sus actos estaba cuidadosamente planificado. Cuando lo tuvieron en la Casa Blanca, lo que tenían en realidad era un mandatario completamente dócil al servicio del grupo empresarial que había financiado la campaña y a ese mágico equipo profesional de asesores.

Recordé este librito, hace pocos días, cuando vi una entrevista en que el candidato presidencial Gabriel Boric enfrentó al periodista Tomas Mosciatti. Esa entrevista me demostró cuán lejos está Boric de poseer un equipo de campaña asesor de mínimo nivel de calidad, porque permitirle que fuera a enfrentar a Mosciatti era lo mismo que lanzar una citroneta a chocar con una locomotora, la más grande y poderosa de la plaza. El resultado, totalmente predecible, fue que de la citroneta solo quedaron unos restos diseminados por el entorno.

Como creo que hay algo conmovedor en la actual ansia de buena parte del pueblo chileno por ver a un Che Guevara en cada estudiante gritón que ganó cierta notoriedad al amparo del desgobierno que convirtieron en postulado los presidentes Piñera y Bachelet, me voy a permitir darle algunos consejos al comando de Gabriel Boric para que no estropeen prematuramente su carrera política. Deben comenzar por valorar en su real dimensión el producto que quieren venderle al pueblo chileno. Y ello los conducirá a comprender que tienen en sus manos a un joven simpático y de buen aspecto, pero absolutamente célibe de pulmones y de toda experiencia administrativa, de mediocre cultura y todavía más mediocres antecedentes biográficos. A ese producto no lo pueden enfrentar con polemistas de mediocres para arriba, porque el resultado va a ser siempre un ridículo de proporciones. Por lo demás, los votos de Boric no se encuentran en el público que se preocupa de esos debates televisivos, sino que está en las pobladas vociferantes que creen que gobernar Chile es tarea para un cualquiera. Por otra parte, abundan en Chile los periodistas que se autoentrevistan, de modo que da lo mismo el invitado que tienen delante y a esos puede enfrentarse Boric sin demasiado riesgo. También tiene a su disposición abundantes matinales que, entre un canturreo y una tanda de avisos, intercalan algunos minutos en que pretenden demostrar el dominio de algún tema menos ramplón. Lo que no pueden hacer es llevar a Boric ante algún auditórium al que verdaderamente le importe el futuro de Chile y aquilate la suprema irresponsabilidad que conllevaría el proyectarlo al Palacio de La Moneda, por muy desprestigiado que éste esté después del Bachelet II y el Piñera II.

A todo lo anterior, que es obvio, me atreveré a agregar dos consejos adicionales. Háganle caso a la mejor evaluación de lo que es Boric, que fue la que el mismo hizo cuando, hace pocos meses, se declaró no apto para gobernar. El otro consejo es que, en esta etapa, le pidan alguna asesoría profunda de manejo de campaña al Partido Comunista, que es un verdadero experto en proyectar personas insignificantes.

Nota: la novela “Los 480” fue lanzada durante la campaña que llevó a la Presidencia de Estados Unidos a John Kennedy, cuando pretendieron demostrar que su figura pública era prefabricada.

Tomas Mosciatti es, por lejos, el entrevistador más inteligente, informado y preparado que existe hoy en Chile. Son muy pocos los que pueden sobrevivir a una entrevista suya cuando pretenden mostrarse como no son.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta