Estamos en los descuentos de lo que promete ser el plebiscito del siglo. Apruebo y Rechazo apuestan sus últimas fichas, mientras que chilenos y chilenas, expectantes, esperamos. El último round está en marcha, y lo que empezó con dos opciones absolutamente opuestas, con el paso de las semanas han empezado a parecerse en su discurso. 

La verdad, no podía ser distinto. Si todos los datos muestran que, para los ciudadanos, el proyecto de nueva Constitución está lejos de ser lo que se esperaba, lo lógico es que quien quiera ganar el domingo trate de identificarse con ese sentir. Por eso, hoy unos promueven aprobar para mejorar, y otros dicen rechazar para reformar.

A estas alturas, lo del próximo domingo parece ser un salto de fe, en donde los argumentos para votar de una manera u otra se acercan más a decir “creo y tengo esperanza”, y se alejan de “este es el Chile que yo quiero”.  

En lo personal, los saltos de fe me parecen válidos en todos los aspectos de la vida, incluso en decisiones tan relevantes para el país como la del plebiscito de salida. Pero como votantes, lo importante es tener claridad absoluta de que lo que hacemos es dar un salto al vacío; y no estamos asegurando nada de nada. 

Como cada quién es libre de tomar las decisiones que más le parezcan apropiadas, algunos estarán felices de dar el salto de fe y esperar que se produzcan las mejoras.  Pero otros preferirán asegurarse lo más posible de que los cambios se harán, basando su decisión en datos verificables y en relatos consistentes con ellos. Estos últimos saben que se pueden equivocar, pero eligen lo que creen más seguro y confiable. 

Así, lo que parece haberse instalado como tema central de la discusión es si quienes articulan el Apruebo o el Rechazo estarán disponibles para el diálogo.  Tan así están las cosas, que unos se atrincheran en el “si no han cambiado nada en 30 años”, y este lema parece ser su mayor frase de batalla. A mi juicio, quienes sostienen esto, no han visto los datos, y se han dejado guiar por un relato que en poco coincide con la realidad. Veamos. 

Efectivamente, hay cambios que no se hicieron, cosas que no se mejoraron, políticos que se sentaron en los laureles. Sin embargo, Chile ha cambiado mucho en los últimos 30 años y hemos visto reformas importantes, las que implicaron gran compromiso por quienes las lideraron, y que se hicieron de manera responsable, considerando efectos, necesidades, gastos, etc.

Solo como ejemplo pensemos en que se acabaron los senadores designados, se igualaron los hijos nacidos fuera y dentro del matrimonio, se abolió la pena de muerte, se legisló sobre el divorcio, se fortaleció el mercado de capitales, aumentaron las sanciones en materia de colusión, se destaparon y sancionaron abusos de toda índole, se abrió la puerta al matrimonio igualitario, etc.

Entonces, no es cierto que no se ha hecho nada, como tampoco es cierto que los que votan Rechazo no están dispuestos al cambio. Muchos de ellos, si lo están, siempre lo han estado. Son miles los que pertenecen a una generación que detectó injusticias e intentó solucionarlas. No se quedaron de brazos cruzados los que hicieron 2000 mediaguas para el 2000, ni los que comenzaron a reciclar cuando nadie lo hacía, tampoco los que hicieron todo lo que estaba en sus manos para delatar casos de corrupción, de colusión, etc. Todos ellos han estado siempre abiertos al cambio. Que les guste ser responsables al tomar decisiones, no significa lo contrario.  

De hecho, están intentando demostrar que quieren mayor cohesión social, más igualdad de oportunidades, mejores pensiones, menos inflación, mayor empleo, mejor salud, educación de calidad, vivienda propia. Lo están haciendo con actos concretos, como el de cambiar el quórum de la actual Constitución para poder impulsar reformas en caso de que gane la opción rechazo. Creo que su compromiso con el cambio es real. He llegado a ese convencimiento luego de revisar los datos y de escuchar su relato.

Dicen los sabios que el ladrón cree a todos de su misma condición. ¿Será por eso que hay un grupo que no confía en que otros puedan estar abiertos a dialogar para cambiar? ¿Será que, si ganan el domingo, no tendrán intención de mejorar el proyecto de nueva Constitución? No lo sabemos.

Sí sabemos que la propuesta de nueva Constitución es hoy más difícil de reformar que la vigente. Por eso, confiar en que se va a mejorar, es dar un salto mortal al vacío: ningún dato avala ese relato.

*Francisca Labbé – Centro de Derecho Regulatorio y Empresa. Universidad del Desarrollo

Deja un comentario

Cancelar la respuesta