Si bien el proceso constituyente ya terminó, la discusión constitucional continúa: Acuerdo, límites, mecanismos, expertos y prioridades son los términos que más se repiten. Transcurrido más de un mes desde el 4S, hay cierta coincidencia en los análisis sobre la necesidad de revisar y decantar lo ocurrido y luego de ello, decidir qué hacer.

Sin embargo, la mayoría de los partidos políticos desde el 5 de septiembre están acordando el diseño de un segundo proceso constituyente y el Partido Comunista es uno de los principales interesados.

Para la izquierda revolucionara, el reemplazo de la Constitución no es un tema nuevo. Se trata de un anhelo permanente y para lograrlo deben ejecutarse acciones políticas que implementen la soberanía popular tan anhelada y difundida por el historiador Gabriel Salazar. Ya en la candidatura presidencial de 1999 con Gladys Marín se proponía reemplazar la Constitución, y aunque obtuvo menos del 4% de los votos, ya empiezan a cosechar lo sembrado.

Desde entonces, el trabajo se ha distribuido durante décadas en tres líneas de acción. El apoyo a las demandas populares a partir de protestas en la calle, como la gratuidad en la educación y el fin de las AFP y de las Isapres; el respaldo a las nuevas causas identitarias en el que han replicado su estrategia dialéctica, como el feminismo, el ecologismo y el indigenismo, y el cuestionamiento y deslegitimación del control del orden público por parte de Carabineros y las Fuerzas Armadas.

Ante el malestar real de los chilenos, pero con una crisis de autoridad cultivada por años, los comunistas cosechan en el caos. Desde el 2019, estuvieran en el bando ganador o perdedor, solo celebran victorias.

Sin firmar el acuerdo del 15N, el Partido Comunista apoyó todos los proyectos de ley que alteraron la representación para la elección de convencionales; sin tener más de 8 convencionales, Marcos Barraza elaboró una telaraña de poder en la Convención que le permitió armar un veto al Frente Amplio; sin acuerdo en el oficialismo sobre la postura del Apruebo, la diputada Karol Cariola fue la vocera de campaña; y sin Constitución, Teillier condiciona la firma y el contenido de un nuevo acuerdo a que esté todo resuelto, para “no soltar el mecanismo”. Retroceden dos pasos para avanzar uno. Y la discusión constitucional es un peón más.

En este sentido, la permanente atención de los medios en el tema constitucional facilita que lo que no alcanza la primera plana no sea examinado con más profundidad… y hay varias razones para sacar a los comunistas al pizarrón.

Poner el foco exclusivamente en las urgencias sociales, los deja de nuevo en las calles y en el Congreso con los mismos discursos populistas de siempre. Poner el foco en las filtraciones de Guacamaya, alumbra la furia de ser víctimas del seguimiento de las Fuerzas Armadas. Poner el foco en seguridad, exige revisar el trabajo del PC en la Subsecretaría de las FF.AA. y sus intentos de controlar el sistema de formación militar. Poner el foco en Sergio Micco, abre insospechadas consecuencias.

Sobre esto último, poco se ha dicho. En julio de este año, Sergio Micco denunció que el Consejo del INDH fue presionado en octubre y noviembre de 2109 para que declarara que en Chile había presos políticos y una violación sistemática a los derechos humanos, tanto por paros, huelgas y tomas, como por solicitudes de renuncia de “diputados y convencionales comunistas”. Curiosamente, el tema no prendió.

La derrota del 4S sólo ha sido un pequeño traspié para los comunistas. Representan la segunda fuerza parlamentaria más grande del oficialismo, son la voz del Gobierno, ocupan algunos de los ministerios y subsecretarías más importantes y el comité político, y si la diputada Cariola logra hacer que se respete el acuerdo que le permite asumir la presidencia de la Cámara, participarían en el control del proceso constituyente. Ni más, ni menos. Así, el lápiz y el papel se ocupan para calcular los votos o para redactar versiones del acuerdo.

La postura actual del Partido Comunista es la de avanzar en una estrategia a largo plazo en la que, creando las condiciones necesarias, y a pesar de las demoras, avanzan sin prisa, pero sin pausa. Pocos, pero eficaces en sus tareas y estratégicamente desplegados, los principales rostros del Partido Comunista llevan agua para su molino y sus cantos de sirena pondrán a Chile una vez más al borde del abismo. No se trata de exageraciones, sino de reconocer a un buen ajedrecista en política y sobran pruebas.

El adversario no es Boric o el Frente Amplio, títere y jardín del PC respectivamente, sino este último. ¿Tender puentes con quienes acaban de intentar quemarlos? ¿Señalar el camino a los apagan las luces? ¿Preparar la mesa para que tiren el mantel? La prudencia y el sentido común aconsejan, por lo menos, tomar un poco de distancia, sentarse y reflexionar.

Conocido el modelo de país que los comunistas pretenden instaurar reflejado en el borrador rechazado y la persistencia con la que persiguen sus objetivos, conviene que sus adversarios políticos adopten la estrategia que frustre las pretensiones de lograr un asambleísmo constitucional, puerta de entrada al fin de la libertad en Chile.

*Roberto Astaburuaga – Abogado de Comunidad y Justicia

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