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Publicado el 26 de abril, 2020

Juan Carlos Garcés: Una segunda oportunidad

Director Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC) Juan Carlos Garcés

Tenemos una gran oportunidad de cambiar el modo como nos relacionamos con nuestros colaboradores y sus familias, clientes, proveedores y con la sociedad. No la desperdiciemos y Dios quiera no volvamos a ser los mismos que éramos antes de estos dos grandes acontecimientos de los últimos seis meses.

Juan Carlos Garcés Director Unión Social de Empresarios Cristianos (USEC)

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Me parece justo que mis primeras palabras sean para felicitar a los empresarios de Chile. Si a veces hemos estado al debe, para esta pandemia fuimos de los primeros en apoyar a nuestros compatriotas. Las acciones, miradas en su conjunto son elocuentes. A los pocos días de asumir el cargo, el nuevo presidente de la CPC fue capaz de motivar y reunir a los empresarios para juntar un fondo de 80.000 millones de pesos para ir en ayuda de las familias más vulnerables, aportando con implementos médicos y equipamientos esenciales para los funcionarios de la salud. A los pocos días, volvimos a estar presentes con un aporte inédito e histórico en una Teletón igualmente extraordinaria. Además, se pusieron los equipos profesionales a disposición de la autoridad para ayudar en la gestión de la pandemia y vemos cómo la banca adopta medidas para ayudar a sus clientes más necesitados. ¡Qué noble es la vocación de ser empresario y qué poco reconocida es dicha vocación! ¡Felicitaciones a Juan Sutil por su gran liderazgo!

Concretado lo anterior, hay que dar el siguiente paso. Hay que reconocer que se nos ha presentado una oportunidad tremendamente desafiante a los empresarios. En varias conversaciones escucho frases tales como “después de la pandemia y tras el estallido social, los empresarios tendremos que hacer cambios profundos en nuestra manera de hacer empresa”. Y me quedo con la idea de que la frase tiene un fondo de verdad, pero que no termina de dar 100% en el blanco Es cierto que tendremos que hacer cambios profundos, pero no estoy seguro de que haya que esperar a que todo pase para implementarlos. Vendrán meses de incertidumbre, pero no olvidemos que las empresas son un tremendo motor de cambio, que en estas circunstancias pueden ser un poderoso empujón para superar la pandemia y lograr relaciones sociales más justas, solidarias y fraternales en nuestro país.

No perdería tiempo en debatir si esta peste nos obligará a cambiar o sólo a reformar el modelo de sociedad que tenemos. Es más urgente reconocer que hay que mantener, reforzar y visibilizar los dos ingredientes esenciales de la economía en general y la actividad empresarial en particular: la libertad y la vocación social. ¿Rentabilidad? Sí, definitivamente, es buena y necesaria. ¿Trabajo? Aún más importante, cada vez más y mejores puestos de trabajo; digno, productivo y bien remunerado. ¿Costos sociales? Los hay, siempre los habrá. Por lo mismo, tenemos que poner mucho más esfuerzo, inteligencia, creatividad, recursos y voluntad en hacer que disminuyan y se distribuyan de manera equitativa; no es tarea de otros hacerlo, es parte de nuestras obligaciones.

Hablemos francamente:  después de estas crisis todos vamos a ser más pobres y, de hecho, ya lo somos. Por lo tanto, no busquemos excusas a la solidaridad y organicémonos desde ya de un modo tal que nos vaya mejor a todos. En nuestras empresas debemos preocuparnos primero por los que tienen menos y mantenerles el trabajo a los más vulnerables. Ellos serán los más perjudicados y es un deber moral apoyarlos; y cuando vivamos la “nueva normalidad” ellos deberían ser los primeros en ver mejoradas sus condiciones laborales y salariales.

Si desde el fondo de nuestra conciencia no podemos mover la variable salarial porque afecta la sustentabilidad de su empresa, entonces todavía quedan alternativas: preocupémonos de lo que preocupa a nuestros colaboradores. Recursos como la creatividad y el corazón no están sujetos al principio de la escasez. ¿Cómo están educando a sus hijos? ¿Qué problemas de salud tienen? ¿Cómo están su viviendas, sus finanzas o su endeudamiento? ¿Cuáles son sus temores y aflicciones? Si no sabe, pregunte sin miedo. Y antes de oponer una objeción, piense: los que se quieran aprovechar de que Ud. es más cercano lo van a hacer igual, con o sin estallido social; antes, durante o después de la pandemia. No se preocupe; son una minoría.

Tenemos una gran oportunidad de cambiar el modo como nos relacionamos con nuestros colaboradores y sus familias, clientes, proveedores y con la sociedad. No la desperdiciemos y Dios quiera no volvamos a ser los mismos que éramos antes de estos dos grandes acontecimientos de los últimos seis meses. Aprovechemos esta oportunidad de hacer cambios profundos que nos lleven a construir una empresa más humana, que sea el motor de desarrollo de una sociedad más justa, libre y solidaria.

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