El agravio del Presidente Boric hacia el Estado de Israel y a su embajador Gil Artzyeli, al rehusarse a recibirlo en La Moneda pese a haber sido previamente citado a presentar sus cartas credenciales el jueves pasado, no tiene precedente en la diplomacia y le causa un inaceptable daño a la reputación de Chile en el mundo. La causa de este desaire, la muerte de un joven de 17 años en Cisjordania, producto de un complejo incidente que partió con el asesinato de un oficial del ejército israelí por dos palestinos armados, infiltrados en territorio israelí.

Lo más grave de esta situación es enterarnos que tenemos un Presidente que conduce las relaciones exteriores del país privilegiando sus personales sesgos, ideas e intolerancias, en lugar de salvaguardar los verdaderos intereses de Chile. Digo esto pues Gabriel Boric opina que Israel es un estado asesino y genocida, como se lo reiteró a Tomás Mosciatti en una entrevista televisada cuando era candidato a la Presidencia, y no solo eso, siendo diputado y el candidato de Apruebo Dignidad firmó compromisos locales que implicaban un boicot contra el Estado judío.

Si el Presidente Boric le impide presentar las cartas credenciales al embajador de un país amigo de Chile, como lo ha demostrado una amistad entre los dos países de más de 70 años, con amplios acuerdos de colaboración en temas de defensa, agricultura, de salud, agua e innovación tecnológica, es lícito preguntarnos cómo se conducirán a futuro las Relaciones Exteriores de nuestro país. ¿Prevalecerán los intereses de Chile o privilegiará Boric los de determinados grupos de influencia o lo que le dicten sus particulares constructos sobre cualquier país? En el caso en comento se saltó todas las normas de la diplomacia para imponer su personal sesgo y la pregunta entonces es si ya lo hizo una vez, ¿qué le impediría reiterar su conducta?

La otra dimensión que Boric no toma en cuenta es que con su actitud importa a Chile un complejísimo conflicto que ocurre a miles de kilómetros de distancia de nuestras fronteras, sin conocer los detalles de lo ocurrido, generando con su postura, animosidades entre las comunidades palestina y judía, del todo innecesarias.

A pesar de que al embajador Artzyeli comentó que en la Cancillería le ofrecieron reiteradas disculpas por el incidente y éste muy diplomáticamente expresó que daría vuelta la página por el bien de los dos países, el Gobierno de Israel reaccionó airado ante este agravio, rechazando el aplazamiento de la presentación de las cartas credenciales de su embajador, asegurando que “perjudica gravemente” la relación entre ambos países. “Israel ve con severidad el desconcertante y sin precedentes comportamiento de Chile”, señalaron, agregando además que el embajador de Chile fue convocado al Ministerio de Relaciones Exteriores para darle a conocer la molestia de Israel con el Gobierno chileno.

Y la reacciones internacionales no se hicieron esperar. En EE.UU. por ejemplo, el senador Marco Rubio expresó que la negativa de Boric a reunirse y aceptar las credenciales del embajador de Israel en Chile, era un insulto diplomático vergonzoso y sin precedentes en contra del aliado más importante de EE.UU. en el Medio Oriente. Y lamentablemente para Chile, este agravio fue noticia en los más diversos medios de prensa de todo el mundo.

El Presidente causó un incidente diplomático sin precedentes en la historia, que le provoca severo daño a nuestra imagen internacional y queda la duda sobre el manejo de las relaciones internacionales de su gobierno, pues si lo que va a prevalecer son sus sesgos y constructos personales y no los intereses superiores del país, quiere decir que Chile verá menoscabada su reputación y credibilidad mundial, con todas las negativas consecuencias políticas, sociales y económicas que eso implica.

*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor.

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