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Publicado el 13 de enero, 2019

Ignacio Arteaga: A ti, que ya postulaste a la universidad

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga

Seguir la propia vocación, aquello por lo cual nos queremos jugar en la vida, te ayudará en tu esfuerzo por alcanzar la excelencia en el mundo universitario, obteniendo buenos resultados académicos pero, sobre todo, te ayudará a desarrollar múltiples virtudes humanas que serán fundamentales para seguir construyendo una vida feliz. 

Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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Te escribo a ti, que acabas de postular a la universidad. Te felicito por la etapa escolar que acabas de terminar, espero que haya sido con logros académicos y con amistades que puedas mantener para toda tu vida. Me imagino que estás lleno de inquietudes sobre tu vocación y la carrera que has elegido. Te deseo la mejor de las suertes en este camino que hoy empiezas y, si me lo permites, te quiero proponer unas ideas que te pueden ayudar en esta nueva etapa.

Muchas veces, la elección de carrera se torna difícil porque es necesario conjugar muchos factores: nuestros gustos; nuestros intereses de cómo servir a la sociedad; nuestras habilidades y talentos; las perspectivas de sueldo y la empleabilidad de la carrera; la situación económica en que nos encontremos; y –para bien o para mal–, el puntaje que obtuvimos en la PSU. Tranquilo: la elección de la carrera, si bien es importante, no marca tu vida para siempre. Son muchas las personas que no se han dedicado exactamente a la carrera que eligieron. Y cada vez serán más.

Lo importante es saber que todos tenemos una vocación, un llamado, es decir, una inclinación o un interés por una forma de vida que supone un cierto tipo de trabajo o actividad y a través de la cual podemos servir a los demás. Nuestro fundador, el Padre Hurtado, lo tenía claro. Tanto, que en su libro Elección de Carrera, se dirige a “vosotros […] que conserváis libre el espíritu, los que deseáis hacer el bien, el mayor bien posible, no importa dónde, o mejor donde Dios quiera”.

Los nuevos desafíos te mostrarán que tu formación profesional no termina nunca; y, lo más importante, comprenderás que el bien común de la sociedad lo hacemos entre todos.

Seguir la propia vocación, aquello por lo cual nos queremos jugar en la vida, te ayudará en tu esfuerzo por alcanzar la excelencia en el mundo universitario, obteniendo buenos resultados académicos pero, sobre todo, te ayudará a desarrollar múltiples virtudes humanas que serán fundamentales para seguir construyendo una vida feliz. Los cuatro o cinco años de universidad son probablemente los más importantes –¡y los más entretenidos!– en la formación de una persona. Allí se adquieren los conocimientos necesarios para acercarse a la verdad y actuar, por lo tanto, más libremente; también para desarrollarse en una profesión. Además, encontrarás amigos con intereses y causas comunes, con los cuales emprenderás actividades que te darán una formación complementaria a tu carrera y te mostrarán –en la práctica– el significado del trabajo al servicio del bien común.

Como el tiempo pasa volando, muy pronto egresarás y te sumarás al mundo laboral. Podrás aplicar lo aprendido y aprenderás aún muchas cosas más; adquirirás nuevas habilidades y comprobarás que las virtudes humanas serán tu principal activo; los nuevos desafíos te mostrarán que tu formación profesional no termina nunca; y, lo más importante, comprenderás que el bien común de la sociedad lo hacemos entre todos. Por eso, independiente de qué profesión hayas elegido, permíteme decirte que, como ya no es posible trabajar en forma aislada, cuando egreses necesariamente trabajarás en forma organizada junto con otros para ofrecer un bien o un servicio a los demás. Esa forma de organización se llama empresa. Ella podrá ser grande o pequeña, con fines de lucro o sin fines de lucro, etc. pero necesariamente será una empresa.

Te invito, entonces, a vivir tus años universitarios y tu futura profesión como un camino de desarrollo personal y profesional en el que puedas, a través de tu trabajo, contribuir a la creación de riqueza no sólo material, sino también espiritual, para el bien de la sociedad, viviendo tus actividades como una noble vocación.  

 

FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

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