El tercer aniversario del 18 de octubre me sorprendió en Punta Arenas. No iba desde abril del 2019, seis meses antes del estallido. Encuentro una ciudad que ha progresado mucho en los últimos años. No he revisado índices de PIB regional, pobreza, salarios, poder adquisitivo ni otros indicadores típicos que tanto nos hemos tirado por la cabeza unos contra otros el último tiempo. Pero la impresión general que me dejó, reconociendo las obvias subjetividades involucradas, es de evidente progreso.

No creo que muchos discrepen con mi opinión, al menos en términos de murallas rayadas, locales cerrados, comercio ambulante en el centro y el resto de las manchas negras que se ven no sólo en el centro de Santiago, sino de otras comunas como, por ejemplo, el centro de Puente Alto y la calle Providencia. En cambio, en Punta Arenas se ven muchos locales comerciales recién pintados, bien arreglados y restoranes nuevos. También buen transporte público sin paraderos destrozados y especialmente bastantes viviendas y poblaciones nuevas. Además, muy poca congestión automotriz y poca dificultad para estacionar. En resumen, considero que se ha deteriorado mucho menos que Santiago después del estallido y sus secuelas.

¿Qué puede haber ocurrido en los últimos tres años que se observa un claro contraste entre un Punta Arenas que progresa y un Santiago que se ha deteriorado?

Voy a proponer una hipótesis tan arriesgada como simple y especulativa. Le dejo a algún cientista social –sociólogo, urbanista o economista– probar o declarar inválido el fundamento que pueda tener. La llamaré, a falta de un título más ingenioso o academicista, la hipótesis de mejor Cultura, Educación y Gestión –la CEG.

Postulo que la gente en Magallanes abordó de manera más sabia los eventos principales que afectaron al país los últimos tres años: el estallido, los retiros de la AFP, las ayudas  y créditos blandos entregados por el Estado y la migración. Limitaron los destrozos del estallido. Las autoridades del gobierno central y municipal frenaron el desborde y copamiento de espacios públicos. Y todo esto fue posible gracias al mayor nivel de ingresos promedio de la población magallánica, mejor educación y mayor cultura.

Probablemente la gente no usó principalmente los retiros de la AFP para comprarse un auto, sino para invertir en sus negocios, equipos y locales comerciales, comprar casa o mejorar sus viviendas. Entonces hay más buses y restoranes para atraer y pasear turistas y visitantes. Esto a su vez revela un nivel de cultura y educación más alto de lo que en promedio se observó en el resto del país. Con esto se estaría expandiendo una de las mayores industrias de esta zona, que es el turismo. Entonces, así como hay un círculo vicioso con la destrucción de sectores de la ciudad y su comercio, el uso inteligente de recursos puede crear círculos virtuosos de desarrollo. Todo esto a pesar de que Punta Arenas fue golpeada más que otros lugares porque la pandemia cerró el turismo por mucho tiempo. Entonces la recuperación actual no puede entenderse sin un uso cuidadoso de los créditos y ayudas para estar listos para recibir la recuperación de la demanda.

Pero lo anterior no puede haber surgido de la nada. Había y hay personas con niveles de educación superiores al promedio nacional que tomaron buenas decisiones. Tanto empresarios, grandes y pequeños, como ejecutivos y operarios capacitados. Esa es la base de un desarrollo sostenido.

Observando además a la gente circulando en las calles del centro, en las poblaciones, las escuelas, las oficinas públicas, etc. se nota mucho menos ansiedad, carreras, apuros, intentos de saltarse las filas, respeto. En síntesis: mejor convivencia. Y uno no puede dejar de pensar que todo esto también debe haber ayudado a que esta ciudad se vea hoy más recuperada y progresando. Es parte de la educación y cultura cívica.

¿Cuánto de esto se deberá a que esta es una región y una ciudad pequeña? ¿A que no hay tanta desigualdad o diferencias de ingresos entre los más ricos y más pobres? ¿A que se encuentran más unos y otros en lugares públicos, se conocen personalmente? Y me respondo: pero Chile entero no es un país demasiado grande. . .

Finalmente, ¿qué rol habrán jugado las autoridades públicas este tiempo? De mis averiguaciones descubro que también hubo fuertes manifestaciones y su cuota de violencia el 2019. Lo que fue claro es que no pasaron más allá de marzo del 2020. De alguna manera la autoridad ejerció su rol, se hicieron las gestiones necesarias para restaurar el orden público y se volvió al trabajo.

Describo lo anterior en parte para decir que no en todo el país ha pasado lo vemos desde Santiago y cómo lo vemos desde Santiago. Además, que no es imposible hacerlo mejor en el futuro. Tenemos ejemplos aquí cerca de que sí es posible. Que podemos ser más optimistas. Y que el slogan de la pura desigualdad como causa y la igualdad como solución es insuficiente. Necesitamos, unidos, mover conjunta y simultáneamente más educación y cultura cívica con gestión pública de calidad.

*Ernesto Tironi es economista.

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