9 atentados en 3 días en la Macrozona Sur, una balacera a media mañana frente a un jardín infantil en Quilicura y el ataque a Carabineros, Policía Marítima y personal municipal de Antofagasta por parte de un migrante irregular que estaba siendo detenido y portaba un arma blanca. Todo en la misma semana. Pero, la guinda de la torta fue el piedrazo que recibió el jefe de gabinete del Presidente y que iba dirigido a éste. El elástico no se puede estirar más. ¡Urgen medidas concretas!

En enero la encuesta Bicentenario nos adelantaba que se había instalado en la sociedad civil la aceptación a la violencia como una forma de manifestarse. Ya por esos días preocupaba el resultado, pero no pensamos que se materializaría tan rápido. Las problemáticas en el norte y el sur se han agudizado y la violencia en nuestras calles persiste. Las autoridades fueron advertidas antes de asumir e incluso algunas orgánicas radicalizadas de La Araucanía enviaron sus amenazas por escrito. Pero sus ansias de hacer las cosas distintas, sin usar la fuerza y demostrar que la cooperación es el camino los ha llevado por una senda de inmovilidad donde las palabras no son suficientes.

“No nos amedrentarán, vamos a seguir hablando con la gente”, decía el presidente Boric ayer en un punto de prensa luego del episodio en La Serena. Tampoco se va a querellar. ¡¿Qué señales son esas?! Al final el mensaje que deja es: siga agrediendo al Presidente de la República, total, nada le va a pasar. ¡¿En qué parte del mundo pasan esas cosas?! El mandatario es el principal liderazgo de la nación y sólo por eso merece respeto y tiene todo el derecho de hacerse respetar.

Llevamos un mes y 12 días con el nuevo gobierno. Es cierto que se cometieron errores y que algunos le costaron el silencio a la ministra del Interior. Pero ya es hora de dejar atrás la ilusión y ver la realidad. La seguridad es clave para el desarrollo del país y, así como vamos, podría terminar siendo el principal problema para éste. 

Volvemos al origen de todo: las señales, esos mensajes y acciones que permiten marcar el tono y definir la hoja de ruta. Al final una piedra es un simple pedazo de tierra, pero que, puesto en contexto, ya no es tan simple. El presidente debe reaccionar y condenar fuertemente el hecho. Que se querelle o no es otra cosa, pero si no se condenan pequeños actos violentos como ese, ¿qué podemos esperar de las manifestaciones que todos los viernes alteran el orden público y la vida de quienes viven y trabajan en torno a Plaza Italia? 

No digo que el diálogo no sea el camino, pero en materias de seguridad y violencia el Estado tiene herramientas potentes para enviar señales fuertes y claras. Seguir estirando el elástico del diálogo le puede costar muy caro. Hoy fue una piedra, mañana será otra cosa. Por el bien del país y de sus ciudadanos, le pediría al Presidente que no dude en usar la fuerza cuando sea necesario. Por algo tiene su monopolio y la autoridad para su uso legítimo. El Estado de Derecho es algo que cuesta siglos construir y Chile no es la excepción, por lo que no dejemos que la violencia avance. En este caso, una piedra, no es sólo una piedra. 

*Pilar Lizana es investigadora AthenaLab.

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