Stephen Hawking postuló, en forma muy sólidamente factibilizada, que el universo se formó hace unos 13.500 millones de años desde un punto singular mediante una gran explosión que denominó “big bang”. Adelantó, además, que ese “big bang” podía ser el resultado del choque de dos agujeros negros en un universo paralelo en otra dimensión.  

Esa teoría de los universos paralelos es recurrente en el pensamiento de la humanidad y hasta la han recogido grandes escritores como Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Me trajo a la memoria esa teoría el analizar el discurso de cuenta a la nación que el Presidente Boric pronunció frente al Congreso Pleno muy recientemente.  

Ello, porque yo me había hecho la ilusión de que en ese discurso el Presidente se haría cargo de los problemas que verdaderamente preocupan a mis compatriotas chilenos y, ciertamente, a mí mismo. Para mi gran desilusión, el Mandatario abordó las circunstancias que preocupan a un Chile paralelo, que en otra dimensión es diferente al mío. 

En mi Chile, estamos angustiados por el terrorismo en la Araucanía, el vandalismo en nuestras principales ciudades, la delincuencia rampante, las fronteras vulneradas diariamente, nuestros principales colegios vandalizados por sus propios alumnos, etc., y por una terrible crisis económica que está esperando a la vuelta de la esquina con antecedentes ineludibles. Pero, en el Chile al que se le dirigió el discurso, nada de eso es problema y ocurren cosas maravillosas, puesto que sus habitantes gozarán de una multitud de nuevos derechos y beneficios que, lamentablemente, son inalcanzables en el mío. En ese idílico Chile en otra dimensión, los empresarios invierten pese a que el gobierno está controlado por el Partido Comunista, las empresas pagan enormes impuestos sin traspasarlos a sus clientes populares y se elabora una nueva constitución bajo cuyo paternal alero, todos los chilenos pueden vivir tranquilos y protegidos sin tener que preocuparse del costo de  ello.  

Todo eso sería solamente admirable sin envidias si el Boric que emitió su mensaje gobernara solo a ese Chile en otra dimensión, mientras que en mi desdichado Chile el Presidente es otro que se llama igual pero que no es capaz de hacerle caso a los problemas que la sociedad le grita todos los días, a toda hora y sin descanso. Esa ciudadanía le dice que lo de la Araucanía es terrorismo, que utilizar a las Fuerzas Armadas atadas de brazos en algún momento tendrá consecuencias fatales, que hay que cortar el tráfico de estupefacientes en las fronteras y no en las calles de nuestras ciudades, que hay que enseñarle a nuestra juventud que el trabajo y el estudio vienen antes que sus fragantes abusos de un prostituido derecho de manifestación, que hay que dejar de pagarle sueldo con cargo a todos los chilenos a los Atria que han convertido en un circo de varias pistas a lo que se soñó como Convención Constitucional seria y constructiva, que hay que acabar de una vez con los que crean fronteras internas en el país e invitan desde allí a invadir con violencia lo que queda más allá de ellas, que hay que enseñarle a la justicia que los que tienen que ir a la cárcel son los violentistas y no los Carabineros que les pueden causar un chichón en el esfuerzo por contenerlos. Todo eso soñábamos con verlo abordado en el discurso presidencial, pero nuestro Boric no apareció  y no nos quedó más que envidiar a los del Chile sobre el cual su Boric vertió el cuerno de la abundancia.

Todos nos preguntamos cuándo vamos a escuchar a un mandatario que se preocupe de nuestros problemas reales y deje atrás los que solo existen en su agenda y en su imaginación. Ciertamente que lo necesitamos con urgencia porque, si no reaccionamos a tiempo, llegará muy pronto el día que los chilenos de verdad hagan carne propia de esos inmortales versos de Federico García Lorca que dicen: “Porque yo ya no soy yo, ni mi casa ya es mi casa”.

*Orlando Sáenz es empresario.

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1 comentario

  1. Excelente columna, como siempre una pluma privilegiada para analizar nuestra realidad contingente.

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