Esta semana visitó Chile el gran referente de la izquierda radical, Álvaro García Linera. Con una soltura de cuerpo, el ex vicepresidente de Bolivia manifestó que haber enfrentado el proceso constituyente con “buenos modales” había sido un error. Estos dichos sorprendieron a muchos políticos de los sectores democráticos. Las críticas vinieron de todos lados y hasta Heraldo Muñoz las calificó de “una ofensa a la democracia”. 

Lo más sorprendente es que se sorprendan. Para dimensionar basta con comprender quiénes son los socialistas del siglo XXI. Son marxistas leninistas camuflados, pero que muestran en forma permanente su identidad. Son decimonónicos y sí, validan la violencia como un modo de hacer política. García Linera quería que el proceso constituyente chileno terminara como el de Bolivia, en un cuartel militar y sin la oposición. Es decir,  sin ser democrático. El punto está en que hay un sector participando de la democracia representativa que no cree en la democracia. No cree en la libertad, porque ellos saben lo que es bueno para todos. Insisten en que su visión instalará “el paraíso terrenal sobre la tierra”, y si antes no resultó, serán ellos los que lo harán bien. 

Lo más complejo de este personaje y sus declaraciones es que es una de las figuras referentes para el presidente Gabriel Boric, una especie de “gurú” a quien hay que seguir. Por lo mismo, hay que detenerse en quién es, qué ha hecho y qué dice. Al analizar su historia y acciones vemos que es evidente que democrático no ha sido ni será. Es más bien un totalitario, lo que deja en evidencia la visión real del presidente de Chile y de parte de su coalición. 

Mientras el gurú visitaba Chile, el presidente Boric asistía a la reunión del APEC en Tailandia. Insistía a los inversionistas que invirtieran en Chile, aludiendo a la confianza. Pero se confía con certezas, no con incertidumbres completas. Él y su coalición refundacional buscaron y buscan cambiar todas las reglas, ¡¡una locura!! ¡¡Quién confiaría!! 

La Convención fracasó, como lamentaba Linera, pero el rumbo continúa más lento, como dijo el presidente; por eso viene el gurú. Junto con llamar a la confianza, se reunió muy cómodamente con Xi Jinping, quien de democrático, nada. A ambos les gustan los modelos autoritarios de control de la población y limitar la libertad de elección a la mínima expresión. Les gusta quitar libertad en el nombre de ésta. China no ha sido nunca democrática y no porque haya optado por el capitalismo significa que lo sea, simplemente son prácticos. Como decía Deng Xiao Ping “no importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones”. Ellos vieron que el capitalismo era la vía al progreso, solo que lo abrieron desde el control del Estado y sin real libertad para las personas, algo que siempre a los iluminados les ha encantado. Dominar a otros por su supuesto bien. 

Pero el iluminismo abunda. Como guinda de la torta, Vlado Mirosevic dice que ni aunque fuera Mandela lograría ordenar la Cámara. El nuevo presidente de la Cámara de Diputados dice de modo esquizofrénico: “Parece que no entendieron que ganamos la elección” y acusa de antidemocrático al sector opositor. Esto es al menos “patudo”, en el mejor chileno, cuando ellos lideraron un proceso revolucionario que intentó botar a un presidente electo por una gran mayoría y que a pesar de haber ganado un proyecto político que no quería cambio de constitución ellos decidieron imponerlo por la fuerza. Estuvieron dispuestos a todo, incluso a quemar el país, apoyando a la “ primera línea” y a todo elemento disruptivo para lograr su fin último, el poder. Los iluminados buscan el poder y una vez que lo logran quieren perpetuarse en el mismo, al modo chino. Xi Jingping morirá en el cargo y su visión es ley. Estos iluminados, los elegidos, siempre desde la soberbia, creen que ellos saben mejor que nadie lo que es bueno para las personas, odian la libertad, odian que usted elija, odian su identidad y la capacidad humana creativa de forjarse su propio camino desde el esfuerzo.

*Magdalena Merbilháa es periodista e historiadora.

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