Señor Director,

“El Pueblo, unido, avanza sin partidos”, fue el mantra que, post 18 de octubre de 2019 y en los albores del proceso constituyente, se nos entregó como el camino para solucionar la crisis política que atraviesa nuestro país. La experiencia ha mostrado –y seguirá mostrando– que la política es todo lo contrario. De similar forma, allá por el 2015 y tras años de debate, se nos dijo que esta crisis radicaba en el sistema electoral binominal, que este debía ser reemplazado por uno proporcional que reflejara al “verdadero Chile”.

Vamos a los hechos: la identificación partidaria, sin perjuicio de las reformas hechas, ha bajado alrededor de 10% en los últimos 10 años y, más grave aún, ha virado desde un 63% a un 14% desde 1996. La sustitución del binominal por el sistema proporcional alteró la composición del congreso por uno fraccionado que ha dificultado la gobernabilidad, la legislación y, en último término, la representación; vaya ironía. Si a eso le sumamos una involución a partidos más bien oligárquicos y menos profesionales e ideológicos, tenemos la receta perfecta para una crisis política. Entregamos la gobernabilidad por un supuesto aumento en la representación.

Un eventual nuevo debate constitucional o, en su perjuicio, el legislativo del Congreso, debe discutir nuestras bases electorales y políticas para avanzar a un sistema mayoritario que asegure gobernabilidad; y los partidos políticos, todos, deben coordinar sus estructuras horizontales y verticales para funcionar como se les exige. Quizás esta solución no trate las “urgencias sociales”, pero sí toca la maquinaria necesaria para facilitar sus soluciones. Reivindiquemos la buena gobernabilidad.

Vicente De la Noi

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