28 DE FEBRERO 2026: inicia el ataque coordinado Israel-EE.UU. a Irán (Operación “Epic Fury” y “Roaring Lion”). El líder supremo, Jamenei muere junto a otros altos mandos militares tras los bombardeos. Como represalia, Irán lanza aproximadamente 170 misiles balísticos a Israel y los Estados del Golfo (Operación “True Promise IV), impactando también en bases militares estadounidenses.
Esta es la línea de tiempo de cómo se inició una nueva guerra en Medio Oriente, una región que al parecer está condenada a aquello. Las tensiones entre Irán y Estados Unidos han sido históricas, por ejemplo, la crisis de los rehenes en Irán en 1979. La última escalada antes del conflicto armado actual fue en enero de 2026 debido al programa nuclear de Teherán junto a la masacre de civiles que protestaban en contra del régimen teocrático.
La delicada situación política-social en Irán y las circunstancias presentes han generado cierta expectación a nivel interior y exterior al abrirse una vía para que el pueblo iraní después de 36 años de la República Islámica pueda decidir su rumbo hacia un sistema de gobierno democrático laico en donde los derechos humanos sean inherentes, universales e inalienables.
La teocracia está derrumbándose cada vez más, en las manifestaciones masivas iniciadas en diciembre de 2025 con un peak en enero de 2026, miles ciudadanos fueron arrestados, sometidos a torturas, desapariciones forzadas y condenas a muerte tras juicios sin debido proceso. Esto refuerza la idea de que un cambio debe existir.
El príncipe heredero iraní exiliado, Reza Pahlavi, afirma que esto es el “principio del fin del régimen”. Y, que liderará una transición a la democracia para que su pueblo recupere el país. Pero ¿cómo lo logrará?
La gran interrogante que surge es cómo hacer el cambio efectivo y detener que se reestructure nuevamente el modelo de gobernanza religioso, ¿una ocupación militar? ¿Una guerra civil? ¿Una misión de paz y estabilización de Naciones Unidas?
No obstante, el optimismo de una nueva era puede verse afectada tras el establecimiento temporal de un consejo interino con tres miembros con el presidente, el jefe de la justicia de la corte suprema y el ayatolá, Alireza Arafi, clérigo y jurista, para que, dada las condiciones, 88 clérigos de alto rango (la Asamblea de Expertos), decida al sucesor de Jamenei, es decir, al líder supremo, continuando con la teocracia. Uno de los nombres que están sobre la mesa para suceder a Jamenei es su propio hijo, Mojtaba.
Tampoco está claro si el motivo real de EE.UU. e Israel eran derrocar y liberar al pueblo iraní, debido a que la política exterior tiene múltiples intereses. Irán es el tercer país con mayor reserva de petróleo en el mundo, solo siendo superado por Arabia Saudita y Venezuela. También posee minerales raros (REE) en una cantidad significante como litio y uranio, este último siendo útil para la energía y armamento nuclear.
En ese sentido, otra pregunta es: ¿a quién beneficia este conflicto? Aún es muy prematuro para sacar conclusiones de manera sostenida. Si cae la teocracia, evidentemente que la ciudadanía iraní; Estados Unidos e Israel si el país vuelve a ser un aliado como lo fue con la monarquía Pahlavi; Los Estados del Golfo, si vuelve una estabilidad regional con el cambio de un régimen.
La escalada militar en la región también beneficiaría a Rusia al monopolizar la exportación de crudo pesado, sin embargo, se pone en peligro el Tratado de Asociación Estratégica Integral (Tratado Moscú-Teherán) firmado en 2025 cuyo objetivo es potenciar la cooperación comercial, nuclear, tecnológica, científica, entre otras, de ambas naciones.
Por su parte, otro aliado estratégico, China se vería perjudicado: más del 55% de las importaciones totales de petróleo provienen de Oriente Medio (13% proveniente de Irán) que tienen que atravesar el estrecho de Ormuz para llegar a puerto y que actualmente se encuentra bloqueado con buques militares de la Armada de la República Islámica de Irán que están siendo destruidos por la Armada de Estados Unidos en aguas internacionales.
La obstrucción del paso marítimo que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán tiene un impacto directo en la estabilidad de la economía global que podría derivar a una crisis energética global: en 2022, 82% del petróleo sale por tal vía para llegar al exterior (Agencia Internacional de Energía, 2022), lo que contribuiría a disparar el precio del crudo. La irrupción del tráfico también afecta la distribución del gas licuado, 25% que sale principalmente a Asia. Las grandes navieras ya han dejado de operar en el cruce por la peligrosa situación: Maersk, Hapag-Lloyd, CMA-CGM, MSC.
Si bien, la guerra entre Irán y EE.UU. – Israel puede liberar a una nación oprimida por una teocracia para que se instaure una democracia laica, como se mencionó anteriormente, las consecuencias pueden ser devastadoras. Tampoco hay que olvidar que están en juego los reales intereses escondidos de las naciones: realpolitik.
