AGENCIAUNO

Tres semanas, el tiempo que falta para la primera vuelta presidencial. Los candidatos desplegados a nivel nacional hacen su último esfuerzo para captar los tan anhelados votos. Seguridad, la principal urgencia de los chilenos y los candidatos. El crimen organizado se tomó el debate, enumerar las organizaciones criminales extranjeras que han llegado a Chile pareciera transformarse en un reto viral. Pero… nada de eso solucionará esa urgencia.

Existe otra, de la que se habla menos, pero que no es posible abordar sin la primera. El crecimiento, sigue en importancia a la seguridad. Generar empleo, inversión, desarrollo y mucho más aparecen como retos importantes que, muchas veces se abordan a continuación de la criminalidad. Sin embargo, en un contexto de tráfico transnacional una lista de prioridades ordenadas de mayor a menor va a hacer que siempre vayamos un paso más atrás que la delincuencia.

La economía ilícita no puede ser separada de la organización criminal, la seguridad no puede ser separada del crecimiento. La delincuencia organizada comprende muy bien que el negocio es lo que debe protegerse, eso es lo que genera las oportunidades de crecimiento para quienes son parte. En la otra cara de la moneda, la seguridad es lo que permite generar crecimiento. Existirá inversión, habrá empleo y desarrollo si es que se cuenta con un mínimo de estabilidad que permita a la empresa, grande, mediana o pequeña, contribuir a eso.

La realidad actual es un tanto distinta a ese mínimo de estabilidad. Hoy, las empresas han tenido que invertir en activos físicos y gastos recurrentes que les permitan hacerse cargo de la inseguridad que afecta sus operaciones. Las medidas de seguridad y el gasto en ello es parte del presupuesto. En algunos casos, esto ha sido exitoso, permitiendo mantener el negocio legal. En otros, el avance del narco ha llevado a cerrar sucursales, a trasladar la inversión a otros lugares, a cerrar empresas completas o incluso, para ciertas personas, a decidir dejar su trabajo por temor. El resultado de todo esto, más allá de la afectación en hacer negocios, es, la destrucción del empleo.

Si la inversión se va, si la empresa o alguna sucursal cierra o si decido dejar el trabajo, la consecuencia directa es la destrucción del empleo. En un escenario como ese, las únicas oportunidades laborales que aparecen son las ilegales. ¿Por qué? Simplemente porque la sociedad y el Estado han dejado vacíos que se transforman en oportunidades de negocios ilícitos.

Si las urgencias de Chile son seguridad y crecimiento, hablar de organizaciones criminales y empleo como ítems separados no harán que el país avance a soluciones concretas. Si esas son las urgencias, es hora de que el problema de seguridad se aborde desde las economías ilícitas que tienen al país en crisis.

Eso permite hacerse cargo del lavado de activos, la corrupción, la asociación ilícita y darle la mirada empresarial que el negocio criminal necesita. De esa forma, el Estado se hace cargo de la organización criminal y su mercado ilícito; de la seguridad y el crecimiento. De esa forma, el Estado y los privados vuelven a asumir su rol y Chile vuelve a crecer.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

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