Señor Director:
El 18 de diciembre pasado tuve la oportunidad de asistir a la última actividad del año realizada por Icare, a la cual hace referencia Magdalena Piñera en su columna de opinión de El Mercurio el pasado 24 de diciembre.
Es muy reconfortante apreciar el interés del empresariado por una actividad tan fundamental como es la educación. Enfocados en cómo potenciar el capital humano en el siglo XXI, se realizaron presentaciones de excelencia acerca de lo que realmente significa educar.
Pero la nota alta de esta actividad, y en esto coincido plenamente con la columna de Magdalena Piñera, fue el reconocimiento a cinco profesores ganadores del Global Teacher Prize 2018, quienes, en cada una de sus áreas, se destacaron por la tenacidad con la cual llevaron adelante sus proyectos. Profesionales que creyeron ser capaces de realizar los cambios necesarios para mejorar la calidad de su enseñanza y, más importante aún, la calidad de vida de sus alumnos y la sociedad en la cual están inmersos.
Lo interesante es que el propósito no estaba centrado en el rendimiento académico, sino en la cualidad que trae consigo las variables socioemocionales en la educación. El creer en sus alumnos y en sus capacidades fue una característica en común de todos ellos. El objetivo: transmitir conocimientos, aprender a optimizar los recursos con los que se cuenta y adaptarse al medio en el que se está inserto son las bases fundamentales para proponer tareas en pos del objetivo planteado.
El trabajo en equipo, el respeto hacia el otro, el reconocimiento de las debilidades y fortalezas de cada miembro del grupo, la empatía y la resiliencia, son recursos necesarios que deben manejar los alumnos y que son entregados a través de la educación emocional. A mi parecer, es casi imposible concebir un cambio en los jóvenes si durante todo el proceso educativo no incluimos los aspectos socioemocionales.
Cuando vemos ejemplos de éxito a pesar de las adversidades, cuando encontramos profesores que sí creen que pueden realizar un cambio, entonces debiésemos todos seguir ese ritmo y comenzar a destacar logros y no fracasos, crear una mentalidad “in the air” como señaló la directora de Icare y cofundadora de Enseña Chile, Susana Claro, en su ponencia. Es algo así como crear un ambiente de cambio positivo, resaltando actividades del profesorado y de los alumnos desde el logro y no del fracaso. Al parecer, si fuésemos capaces de realizar este giro, los jóvenes mejorarían en su desarrollo integral, así por menos lo señalan los nuevos estudios acerca de la educación en el siglo XXI.
