Señor Director:

 

El presupuesto anunciado para este año me parece una de las medidas más responsables que se han tomado en mucho tiempo. La austeridad es el camino más sensato para una economía que venía en su peor momento debido a las malas reformas y a un escenario político internacional que se ve cada vez más adverso.

 

A diferencia de la propuesta de este año, uno de los grandes problemas que tuvo la ley de la administración anterior fue el optimismo en las proyecciones, es decir gastemos más, sin saber si tendremos los ingresos suficientes para cubrir tal desfase. Esto no sólo significó un déficit fiscal cercano a los US$5.000 millones -equivalentes a 5 hospitales de alta gama-, sino que aumentó con creces la deuda pública proyectada, incidiendo directamente en la inversión y en la tasa de empleo.

 

Del mismo modo, si obviamos estos factores y hacemos un recuento en lo que se gastaron los recursos de la administración anterior, las cifras tampoco son muy alentadoras. Más del 40% de los dineros se destinaron a gratuidad y salud, los cuales, a simple vista, no tuvieron mejoras significativas para los chilenos.

 

Si bien el nuevo presupuesto disminuirá el gasto fiscal, reducirá en gran parte la deuda que adquirimos por estos años. La modernización tributaria, la reforma a las pensiones sumado a la distribución más equitativa, no sólo harán esta reducción imperceptible, sino que mejorará con creces el crecimiento y la inversión en el país, algo que sí se sentirá en el bolsillo de todos los chilenos.