Señor Director:
Si hay algo que caracteriza al Presidente Piñera -por vocación profesional- es la plena confianza que tiene en los números y -por vocación de político- la capacidad camaleónica para adecuarse al ‘mainstream’ del momento. No en vano ha sido criticado en reiteradas ocasiones de ‘gobernar a través de las encuestas’. En esta línea, el anuncio realizado en la cuenta pública que versa sobre reducir el parlamento y limitar la reelección a mi parecer reflejan completamente estas características.
En el plan maquiaveliano de hacerse un ‘príncipe’ amado -porque temido no es una alternativa ante la política de los acuerdos que desea impulsar-, reducir los privilegios de parlamentarios y políticos en general suena a una estrategia bastante seductora a la que echar mano para estos fines ¿No es acaso la institución con mayor índice de desaprobación? Aunque siempre fue parte de su programa de gobierno, ¿por qué utilizar la plataforma de la cuenta pública para dar un anuncio con tintes más políticos que de gestión?
Articular un discurso que permita desahogar la sensación de descontento en la epidermis social no es fácil. La atmósfera actual transita sobre la pregunta: ¿dónde están los ‘tiempos mejores’? Soterrando los logros que el gobierno puede haber tenido en materias sensibles como Salud, Seguridad y Trabajo, y además exigiendo cuentas con respecto a una economía que da la sensación camina con muletas, ¿no es un buen momento para un repunte moral? En este contexto, un anuncio de estas características en un escenario con la envergadura de una cuenta pública no busca otra cosa que ser un acierto comunicacional para el gobierno. Prueba de ello es la ovación recibida por parte del conglomerado de Chile Vamos, junto a una oposición descolocada frente a las cámaras de televisión que no tuvo otra alternativa más que sumarse a esta suerte de celebración.
Los analistas más avezados, con justa razón, se cuestionan sobre los criterios técnicos de este anuncio, etiquetándolo en algunos casos de demagógico. Al igual como ocurría con Aula Segura, la pregunta que muchos se hacen es cómo se llega a la conclusión de que esa es la senda que se debe seguir a qué criterios técnicos obedece. Otros indican que más bien se trata de un anuncio testimonial que -al igual que los intentos de Jackson y Boric por reducir la dieta parlamentaria- estaría recubierto de cinismo al saber de antemano que son proyectos que no irán a ningún lado. En otras palabras y sin tanto rodeo, un anuncio cuyo público objetivo no es otro que el vulgo cotidiano.
Es en ese sentido que, desde un prisma propagandístico –en su acepción primigenia- el Presidente hizo un trabajo excelente, pues tomó la potestad del estandarte que simboliza el ‘estar’ conectado con el sentir del chileno medio, ese indignado con los obscenos privilegios de la casta política y los políticos, en un lugar y momento adecuado. Sin duda alguna es un arma de doble filo -él mismo es un político altamente cuestionado por motivos similares-, sin embargo en esta pasada tiene más por ganar que perder. Como muchos han sentenciado, si la oposición se niega a la idea de legislar la reducción del parlamento –que es lo más probable–, desde el Ejecutivo se podrá acusar de obstrucción; en caso contrario, se legisla y se aprueba, la autoría de la reforma pasa por el gobierno actual. Es decir, un ganar/ganar. Sólo queda esperar si las encuestas reflejan el cálculo político, si tiene los efectos esperados ante la opinión de la ciudadanía y si en la práctica es viable reducir el parlamento a tan sólo dos años de su ampliación.
