Señor Director:

Ante nuestra profunda preocupación hemos recurrido a usted para cristalizar una situación realmente lamentable. En el contexto de la Semana Contra el Apartheid Israelí en la Universidad Católica, se realizaron una serie de actividades públicas con el objetivo de “visibilizar” e “informar” acerca del conflicto palestino-israelí. Sin embargo, lo único que se vio durante estas instancias fue la reducción de este conflicto simplemente a un lado de la historia, desinformando a la comunidad universitaria no solo con datos adúlteros, sino que también con una postura de incitación al odio.

Por ejemplo, Marcelo Marzouka, -representante de la Federación Palestina-, dio una charla supuestamente informativa llamada “Introducción al conflicto palestino-israelí”, que de informativa no tuvo nada. En esa ocasión, se refirió de manera sorprendentemente liviana al último ataque terrorista de Hamas. En este acontecimiento fueron lanzados más de 100 misiles a Israel, lo que terminó en la destrucción de la casa de una familia que escapó tan solo unos segundos antes de la explosión.

Marzouka, además de no darle mayor importancia a este último hecho, tuvo el descaro de señalar que el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, no habría desviado todos los misiles con el fin de generar bajas, por ende escándalo, y así ganar nuevamente la elección. Incluso, cuando en esta misma charla se le dijo a Marzouka que más de un misil habría caído en tierra, él contestó con una postura y tono satíricos y de extrema condescendencia: «sí, seguro le debe haber caído a un perrito»,’ restando de todo valor a las vidas humanas en juego.

Al día siguiente, se llevó a cabo un foro de Palestina y feminismo, que podría haber sido muy útil para visibilizar el sufrimiento de las mujeres palestinas bajo el régimen islámico-patriarcal de Hamas, pero nos encontramos con un discurso discriminador que tenía como idea central que nadie puede ser feminista estando a favor de la existencia de ‘’un país como Israel’’. Como si no fuera lo suficientemente indignante y vergonzoso, luego nos enteramos de que la Federación de Estudiantes de nuestra propia universidad estaba organizando y promocionando todos estos eventos.

¿No se supone que una Federación debe ser un ente representativo de la comunidad universitaria con el deber de abrir espacios de diálogo? ¿No sería lo apropiado proponer instancias donde ambas posturas puedan ser igualmente escuchadas para así evitar un sesgo tan brutal? ¿En qué realmente ayuda al pueblo palestino este tipo de actividades, más que tener como resultado la demonización de otro pueblo que también guarda sufrimiento en su genética?

Debemos, ambos pueblos –judío y palestino-, trabajar mano a mano para propiciar por lo menos un ambiente de paz en nuestro país. Así, en vez de importar un conflicto extranjero a Chile, propiciar un clima de cooperación entre ambos, porque al fin y al cabo, tenemos como común denominador una sola cosa: somos chilenos.