Señor Director:
La golpiza es brutal. Estoy contra las cuerdas… Pero debo salir peleando… Si no, me van a noquear. ¡Necesito fe!
Durante más de dos mil años, han crecido juntos el trigo y la cizaña… Desde el comienzo: fue uno de los Doce el que Te entregó. Pero la Iglesia ha salido siempre adelante, a pesar de los pesares… ¡Pobres víctimas! ¿Cómo ayudarles? Señor, repáralos…
¿Y los victimarios? Que no sea yo el que lance la primera piedra… Que la justicia civil y eclesiástica hagan su trabajo… Que la opinión pública no se ensañe, haciendo leña del árbol caído… Repáralos también a ellos.
¿Y yo? Que me repita constantemente, en mi trabajo, en mi descanso, en mi vida familiar y social, la pregunta que nos dirigió el Santo Padre desde Maipú, en enero pasado: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Y que actúe en consecuencia…
