Señor Director:
En un mundo donde la confianza se cae a pedazos, vuele a cobrar relevancia y peso la consecuencia, el prestigio y la mínima brecha entre lo que se predica y lo que practica, lo que sé es y lo que se proyecta.
Estamos agotados de tanta decepción; de la sucesiva caída de tantas figuras de poder, reconocidas, destacadas y hasta premiadas que terminan desvanecidas y hasta presas; los hábitos, los uniformes, las medallas, los roles, se retiran los premios, se funden las esculturas y así sucesivamente se desmoronan las estructuras que creíamos que sostenían la sociedad.
En este contexto, la izquierda, que se creía la reserva y la autoridad moral del país dando cátedra y pontificando respecto a los derechos humanos y a todo, pero después de SQM, CAVAL, las reuniones con asesinos y secuestradores, la defensa de Maduro, se han ido cayendo también del pedestal al que se habían subido; si a eso le sumamos que ni siquiera en el Partido Socialista pudieron hacer una elección limpia y desconectada de redes con narcotraficantes, francamente estamos hasta la coronilla. Y así vemos que se procesa a jueces y se suspende a fiscales.
En paralelo empresas de servicios que proveen de suministros básicos para la supervivencia, como el agua, le fallan a la comunidad, dando un verdadero espectáculo de incompetencia y todos sabemos que hay daños que no son compensables.
Es tiempo de cuidar y blindar nuestro liderazgos y sobre todo a la hora de elegir, poner la mirada en el prestigio de las personas, las familias, las empresas, las instituciones, los políticos y los miembros honorables de los poderes del Estado. El mundo a través de la historia, según sus necesidades, se ha tenido que subordinar a la fuerza, al conocimiento, la filosofía, la guerra, la política, la economía. Hoy debe inclinarse ante el prestigio para reconstruir las confianzas y las credibilidades destronadas; sin confianza, no hay futuro, no hay nada.
