Señor Director:
Con la negación a legislar –es decir, ejercer su labor parlamentaria- en materia de educación y pensiones que dio la oposición, se ve cómo el interés está en ellos mismos y no en las personas, a quienes les dieron un portazo en la cara.
Al trabar el avance de reformas importantes, se crea una polarización entre los grupos más aventajados y los de menores ingresos y clase media, donde la posibilidad de movilidad ascendente y progreso para estos últimos queda en el tintero. Al fin las reformas del Gobierno se hacen cargo de la clase media, históricamente abandonada, y con el obstruccionismo actual no podrán concretarse.
Finalmente, a la oposición le es muy conveniente capitalizar este descontento y frustración causado, dejando en el limbo a potenciales beneficiarios de reformas clave. La pregunta es si es correcto postergar a los ciudadanos, por obtener rédito político a costa de un descontento que la oposición crea tan conscientemente.
Una buena oposición sería de “proposición”, pero quedan solo en obstrucción. Sería bueno sincerar que realmente, quieren frenar la agenda y no instalar sus –nulas- propuestas. Finalmente, los que “pagan el pato” son la clase media, las regiones y los adultos mayores.