Señor Director:

Gracias al gran número de observatorios internacionales que se han instalado en el desierto de Atacama, Chile alberga en la actualidad aproximadamente el 50% de la capacidad de observación astronómica terrestre. Una vez que se terminen los mega telescopios que se encuentran en construcción, este porcentaje llegará al 70%. Esto quiere decir que gran parte de los descubrimientos astronómicos modernos se logran y se lograrán gracias a observaciones obtenidas desde el territorio nacional.

A cambio de importantes beneficios tributarios, los observatorios internacionales entregan el 10% de su tiempo de observación a investigadores de universidades chilenas. El acceso a este instrumental de frontera representa una oportunidad inmejorable para Chile de participar en una de las mayores aventuras de la humanidad: develar los secretos del Universo en que habitamos. Sin embargo, el tiempo de observación es solo la materia prima de la investigación astronómica. Convertir esta materia prima en descubrimientos y conocimiento requiere de astrónomos altamente capacitados. Si bien el número de astrónomos trabajando en universidades chilenas y la oferta de programas de doctorado ha crecido enormemente en los últimos años, mantener el crecimiento se ha transformado en un difícil desafío para las universidades y el Estado nacional, ya que los presupuestos para la formación de recursos humanos y la investigación (becas de doctorado y postdoctorales, proyectos FONDECYT y proyectos asociativos) se encuentran estancados y no permiten cubrir la creciente demanda. Sin un aumento importante en el presupuesto de investigación, será difícil que la astronomía chilena alcance su máximo potencial.

La instalación de observatorios internacionales en el país también presenta grandes oportunidades y desafíos para la ingeniería chilena. El número de ingenieros involucrados en el diseño, la construcción y las operaciones de los observatorios internacionales sobrepasa ampliamente el número de astrónomos contratados por estos observatorios. Muchos de los proyectos astronómicos superan los mil millones de dólares e involucran millonarios contratos con empresas tecnológicas de todo el mundo. Lamentablemente, la participación de empresas chilenas ha sido hasta el momento muy minoritaria, especialmente en lo que respecta a las tecnologías de punta que requieren estos proyectos. Aumentar la participación de empresas tecnológicas chilenas en los observatorios de Atacama es un claro reto pendiente para el sector privado nacional.

Asimismo, en regiones como Norteamérica y Europa, los astrónomos y los ingenieros especializados en instrumentación astronómica suelen tener la oportunidad de incorporarse al sector privado en empresas tecnológicas que no tienen contraparte en el ámbito nacional (de la industria aeroespacial, informática o big data). Por lo tanto, estos profesionales altamente calificados son un valioso recurso que aún no ha sido aprovechado por empresas chilenas. Revertir esta situación plantea otro importante desafío para el país.