Señor Director:

Cuando alguien esclarecido como la periodista Pilar Molina hace una denuncia y pone en evidencia de manera tan contundente la manipulación permanente e histórica que se basa en los principios del más retorcido genio del mal de la izquierda, conocido como Lenin, el cerebro del lector disfruta de un  descanso placentero porque libera energía que tenía bloqueada en su afán por encontrar la explicación que nos da la brillante periodista.

Dicho lo cual, creo que al hacer la enumeración de los horrorosos crímenes cometidos por los comunistas y sin agotar el tema en absoluto, quedó en el tintero uno de los más crueles cometido contra pueblo alguno. Me refiero al que se conoce como «La violación de Camboya», cometido a partir de 1974. En una población de ocho millones de habitantes fueron asesinados -con el pretexto de reeducar y eliminar a los «burgueses»- más de dos millones de personas. Fue uno de los más feroces genocidios de la historia. Jamás he visto que se haya guardado un minuto de silencio por aquellas víctimas; sin embargo, el año 1975, uno de los cabecillas del HANKA (Partido Comunista Camboyano ) y junto con Pol Pot, uno de los promotores de la matanza, fue ovacionado en la Asamblea General de la Naciones Unidas. Es también una constante histórica que la izquierda jamás ha pagado por sus crímenes porque todo es por el bien del pueblo.