Señor Director:
Gran escándalo han producido las palabras de la novel diputada Flores, lo cual parece bastante raro si consideramos la ceguera reciente que ha sufrido nuestro país en materia de DD.HH. El análisis es más fácil de lo que se cree. Si dos individuos, A y B, cometen un homicidio, está claro que si alguien critica solamente a uno y al otro lo defiende, su problema es con la persona y no con el hecho en sí.
Elegimos como Presidente de Chile dos veces a una persona que idolatra a Fidel Castro, dictador que ejecutó a miles de personas y que estableció campos de reeducación para homosexuales. Su madre no tuvo ningún problema en señalar que en la R.D.A. no se violaban los DD.HH., aunque si uno trataba de salir le disparaban a matar. Ella está a cargo hoy de los DD.HH. en la ONU, junto con representantes de China, Angola, Arabia Saudita, Cuba y Venezuela. ¡Risible!
Recientemente el Congreso decidió ponerle el “nombre” de Pablo Neruda al aeropuerto de Santiago, individuo que reconoció violar a una mujer, abandonó a una hija por ser limitada, y fue uno de los principales apologetas de Stalin, el segundo mayor asesino del siglo XX luego de Mao. Su obra “Oda a Stalin” lo deja claro. En Chile hasta hace poco gobernó el PC, agrupación la cual se reconoce marxista, ideología que dejo decenas de millones de muertos el siglo pasado. La centroizquierda no tuvo problemas para aliarse con ellos. Siempre que alguien habla de Fidel y sus fechorías, la izquierda salta con la medicina, la educación, etc. La pregunta aquí es por qué solamente ellos tienen permitido separar la paja del trigo y nadie más.
A esta diputada -que todavía está en pañales- la pillaron volando bajo. No la destaquen por ser tan ingenua.
