Señor Director:

Quizá lo más destacado de la Cuenta Pública realizada por el Presidente Sebastián Piñera fue el anuncio de reducir el número de los parlamentarios en ambas cámaras, lo cual no considero que sea una propuesta populista, al contrario, es un acuerdo necesario. No sólo se justifica la medida teniendo en cuenta la dieta parlamentaria y los costos que significan para el fisco la mantención de un elevado número de parlamentarios (con los salarios más altos de la OCDE); además se deben tener en cuenta factores como el tamaño de los distritos que en la práctica son el doble de grandes y por ende se encarece de manera obvia el uso de recursos en campaña, haciendo inalcanzable para muchos candidatos el resultar electo en la mayoría de los distritos electorales.

Otra crítica razonable al sistema D´Hondt y su fórmula matemática para repartir escaños es el problema de la sobre-representación de los grandes conglomerados que arrastran a otros candidatos que obtienen muy pocos votos y que quizá representa el mayor vicio del sistema, puesto que a un independiente le resulta casi imposible salir electo. En sentido inverso también se produce la sobre-representación de grupos minoritarios que al ir en lista benefician al candidato más fuerte, apareciendo figuras inverosímiles en la política nacional, cómo el diputado Raúl Alarcón cuyo aporte en el hemiciclo del congreso es cuestionable.

A mi juicio, el sistema binominal garantizaba estabilidad, pero en vista de su impopularidad en Chile, debiese existir un sistema respetable que sea electrónico y transparente, como el de Costa Rica, que límite la reelección -y de paso- el clientelismo político de algunas figuras que llevan décadas ocupando escaños en el congreso, así como limitar los feudos, ducados y principados en que han convertido algunos municipios, sin rotación y favorecidos por un sistema a todas luces injusto y poco democrático.