Señor director:

Si bien el boicot realizado a la PSU el año pasado dejó patentada la disconformidad de un sector respecto a la estructura del sistema de admisión a la educación superior, y más objetivamente a la PSU, también dejó patentada la falta de empatía y consideración con la que este grupo político de secundarios arremetió, por las vías de la violencia, el derecho de miles estudiantes a rendir su prueba.

No contentos con lo sucedido en el 2019, este año representantes del mismo movimiento político de secundarios, hicieron un nuevo llamado a movilizarse en contra de la PDT, aún sabiendo que esta prueba como bien lo dice su nombre, es de “transición” y no la que regirá definitivamente por los próximos cinco, diez o quince años. Boicotear nuevamente la prueba, sólo flagela aún más nuestra democracia y además, desconoce el esfuerzo de miles de estudiantes y familias de clase media, media-baja y baja, que debieron realizar grandes sacrificios económicos como endeudarse con un preuniversitario, comprar libros de estudio y contratar profesores particulares.

El llamado es a no boicotear la prueba y a proponer cambios, pero siempre por las vías democráticas de la paz y el diálogo. Nunca ha formado ni formará parte de la solución a un asunto atropellar los derechos de personas.