Señor Director:
La cara de los diputados de la UDI era de tremendo alivio. Después de un debate áspero, y de haber perdido la votación – tanto en la Comisión de Agricultura como en la de Trabajo – se había logrado el objetivo de aprobar el Tratado de Libre Comercio conocido como TPP11. La satisfacción era aún mayor si consideramos la presión, a ratos violenta, que el grupo “Chile Mejor sin TPP” había ejercido sobre los parlamentarios.
Por eso un amigo mío diputado se extrañó de verme con cara de enojado, y me preguntó qué me pasaba. Yo no le contesté nada, pero ahora veo la necesidad de explicar qué es lo que me tenía tan molesto.
Yo creo en el derecho de cambiar de opinión, aunque sea una vuelta de carnero. No confío en aquellas mentes inflexibles que no se abren a la posibilidad de que otros puedan tener la razón. La gracia del debate y de los acuerdos radica justamente en aprender a descubrir la parte de verdad que hay en casi toda argumentación, por muy insensata o radical que parezca. Sin embargo, no tolero las falsas vueltas de carnero, aquellas volteretas que no se dan por convicción, sino por simple cálculo político. Y no lo tolero porque es una actitud a la vez mentirosa e irresponsable, es sostener algo sabiendo que se está causando un daño al país.
Tres días antes de que concluyera el Gobierno de la ex Presidenta Bachelet, 11 países se reunieron en Santiago para firmar el TPP11. La reunión se producía en Chile por el liderazgo ejercido por la ex mandataria que insistió en la necesidad de llegar a un acuerdo cuando el tratado parecía muerto, al retirarse el presidente Trump de la mesa en la que había participado activamente el ex Presidente Obama. En esa oportunidad, la ex presidenta explicó que en momentos de aislamiento es cuando más valor tiene la apertura al comercio internacional, detalló cómo el acceso a 500 millones de nuevos potenciales clientes beneficiaba particularmente a nuestra agroindustria y que este era uno de los tratados multilaterales más importantes y audaces del planeta.
Entre el público presente, numerosos dirigentes de la Nueva Mayoría aplaudían este logro de nuestra política exterior.
Sin embargo, un año después, cuando el tratado debía ser ratificado por el Congreso, esos mismos partidos políticos tomaban la decisión de rechazar el TPP11. Es tan radical el cambio de postura, que hasta los diputados PPD terminaron rechazando este tratado que fue negociado por su propio timonel, el ex canciller Heraldo Muñoz. ¿La razón? Puras mentiras de las cuáles jamás se harán cargo.
Permítame algunos ejemplos: en la Comisión de Trabajo, que me toca integrar, se rechazó el TPP11 bajo el argumento de que su aprobación generaría un enorme perjuicio para los trabajadores. Entre otros, el salario mínimo nunca más podría subirse, el derecho a huelga quedaría anulado y estaríamos imposibilitados de imponer normas laborales que ampliaran los derechos de los trabajadores.
El apocalipsis también afectaría al medio ambiente, al quedar imposibilitado nuestro país de introducir normas que mejoren la legislación ambiental. “A este Congreso no le importa nada la vida, la salud o el futuro de nuestros compatriotas”, argumentó la presidenta de Revolución Democrática, “si aprobamos el TPP la crisis nos va a explotar en la cara”, sentenció.
Además, se acusó al gobierno (no tengo muy claro a cuál, dado que el tratado fue negociado en el de la Nueva Mayoría) de querer favorecer a las grandes transnacionales, afirmación que es ridícula ya que son justamente estas empresas las que tienen presencia en todas partes, y no tienen necesidad de importar o exportar. ¿O usted cree que la Coca Cola que se toma la traen de EEUU? Son las empresas nacionales, no las transnacionales, las que se ven favorecidas por su incorporación a estos nuevos mercados al que antes no tenían acceso.
Como sea, el problema no es solamente que se argumente con falsedades, sino que estos populistas no pagan ningún costo por mentir. ¿Acaso usted cree que alguien se va a acordar de todas estas afirmaciones cuando subamos el salario mínimo? ¿O cuando elevemos los estándares en materia laboral o ambiental? ¿Qué va a pasar cuando quede en evidencia que todo lo que dijeron era falso? Nada. No va a pasar nada.
¿Ahora entiende usted mi cara de enojo?
