Señor Director:

El académico Hugo Herrera se ha referido a Evópoli por la prensa utilizando expresiones como la de “ser el correlato de la UDI”, y también “hijos de Jaime Guzmán”. Su visión es sorprendentemente funcional al Frente Amplio y al PC: si incluso Evópoli es hija de Guzmán, entonces virtualmente toda la derecha chilena es heredera del ideólogo de la dictadura, incluyendo al propio Herrera.

Pero con su análisis, Herrera nos revela más aquello que subyace a sus propias ideas que la real esencia de dicho conglomerado político. Para él, casi todos en la derecha no serían más que meros “liberales”. Desde Evópoli hasta la UDI, e incluso, José Antonio Kast. Unos son liberales en “lo económico y moral”, otros “sólo en lo económico”. Con este análisis –bastante reduccionista y rudimentario, por lo demás– queda claro que Herrera concibe como el “pecado original” de la derecha la defensa de lo que él entiende –equivocadamente, tal como lo hace la izquierda– como un supuesto “liberalismo puramente economicista”.

Lo sorprendente del asunto es que tampoco se puede decir de Herrera que sea un “conservador” como tal. De hecho, su posición puede ser entendida, a la vez que antiliberal, como anticonservadora. Todo esto porque, al negar la relevancia de lo que él entiende como “mera libertad económica”, Herrera se acerca temerariamente a una posición ideológica nacionalcolectivista que privilegiaría nociones como las de “pueblo”, “territorio” y “comunidad” por sobre las de libertad y responsabilidad individual. Una posición que podríamos describir como un nacionalismo con visos socialistas, ya que ataca permanentemente –aunque muchas veces de manera sutil– la idea de un mercado libre como fundamento del orden económico y social, idea que también los conservadores defienden. Herrera se niega a entender –o tal vez a aceptar– que Chile Vamos es precisamente, en este sentido, una exitosa alianza liberal-conservadora.