Señor Director:

He querido dirigir unas palabras en mi condición de compañero de trabajo de Mario Muñoz Rebolledo, también de médico y, esencialmente de amigo. Me acompañó como Vicedecano durante nueve años en la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, a la que sirvió plenamente y con cariño desde distintas posiciones. Como Vicedecano y Jefe de Carrera de Medicina fueron varios los logros a exhibir, entre ellos la conducción del proceso que se materializó en un plan de desarrollo estratégico de la Facultad, el de innovación curricular de la carrera de Medicina y el de su primera acreditación plena.

En su práctica clínica fue fiel a su visión y así fue reconocido como tal por sus pares, integrando también el Tribunal de Ética Regional del Colegio Médico, y por sus alumnos. Riguroso, metódico, trabajador, inteligente y de humor fino, eran algunos de los rasgos de su persona. Durante este período aprendí a conocerlo y quererlo. Su lealtad fue total e incondicional. Mostró también rasgos integrales de su desarrollo personal. No puedo dejar de recordar sus talentos como escritor y comentarista de libros, en que mostró una faceta notable y su sensibilidad humanista. Abrazó, al igual que otros, los principios y valores francmasónicos.

Fue particularmente valiente con su propia enfermedad, plenamente consciente de su pronóstico.

Deja como legado para su familia, sus amigos, sus colegas, sus hermanos y sus alumnos, el de un ejemplo a seguir.

Mario, inolvidable amigo, descansa en paz,