Señor Director:
Parte de mi familia es colombiana, otra venezolana y yo nací en Ecuador. Soy, coincidentemente, una hija de la Gran Colombia. Por eso he visto de primera mano, de los efectos derivados y directos de la narcoguerrilla comunista llamada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y de la narcodictadura de Nicolás Maduro. Las secuelas de estos delincuentes vestidos de revolucionarios las sufren desde hace décadas millones.
En Ecuador, conocí a varios desplazados refugiados del conflicto armado que genera la narcoguerrilla comunista en Colombia. Campesinos que huyeron a Ecuador porque estaban amenazados de muerte después de rehusarse a entregar a sus esposas para que sean violadas por los guerrilleros revolucionarios, por ejemplo. Otros, grandes amigos venezolanos, que llegaron sin suelas en sus zapatos después de cruzar caminando la mitad de Venezuela y toda Colombia para llegar a Quito a empezar de cero pero, por lo menos, libres.
Es una bofetada para los millones de desplazados refugiados víctimas de la narcoguerrilla comunista, FARC, y los millones de desplazados por la miseria, persecución y fracaso del narcogobienro comunista de Nicolás Maduro el escuchar a la candidata a diputada Florencia Lagos Neumann enviar saludos a las FARC por sus 56 años y decir que ojalá Chile fuese como Cuba o Venezuela. Es una bofetada que Gabriel Boric, quien aspira a ser presidente de una nación libre y próspera como Chile, decida apoyarla y buscar su apoyo.
Este tipo de actos no son un error por el que se puede pedir perdón cuando conviene. Son el reflejo de la sinceridad en su máxima inmadurez, la oda a la guerra desde la tranquilidad de un país en paz, el fanatismo abrazando la idiotez.
