Señor Director:
Muchos serán los argumentos que tiene la oposición para negarse a aceptar la modernización tributaria, sin embargo, poco entienden o recuerdan del fracaso que significó para el país un sistema que mucho prometía en el papel, pero del cual aún no vemos resultados alentadores.
La ex presidenta dejó instaurada una reforma que subió fuertemente los impuestos a las pequeñas empresas, ahogando gravemente a los empresarios, pero que, en contraste, tenía por objetivo reunir un mayor porcentaje de dinero que sería utilizado en políticas de salud y educación. Pese a esto, entre 2012 y 2017, la recaudación disminuyó de 17,6% a 17,4% y el gasto aumentó, generando gran déficit fiscal y dejando a medias las políticas sociales que dependían de este presupuesto.
Pero eso no es todo, el costo que tuvo esta reforma fue mucho más grande que la afección a un par de empresarios. La inversión cayó por cuatro años consecutivos, bajando por primera vez en mucho tiempo, el crecimiento se frenó fuertemente y la economía entró en un ajuste cíclico que no favorecían a ningún rubro.
Sin duda, desconocemos los efectos que puede traer la modernización al sistema, pero claramente no puede ser peor que la reforma actual, la cual vino aparejada de una mala administración y falsas expectativas para todos los chilenos.
