Señor Director:

La humanidad desde sus inicios ha querido superarse, tanto es así, que siempre buscó su emancipación de los poderes políticos y religiosos mientras desarrollaba complejos sistemas de conocimiento académico. Sin embargo, cada cierto tiempo nuevas corrientes pseudo-religiosas emergen para hacerse cargo de los descontentos sociales, como es el caso del feminismo contemporáneo.

El feminismo en sus orígenes (Primera Ola) quiso traer igualdad, ya sea en cuanto a ciudadanía o en cuanto a trato social. Hoy el feminismo aboga por elementos distintos: igualdad de género y la relegación del hombre. Pero hilemos más fino: cuando sostengo que el feminismo es una nueva religión es debido a que hay innumerables similitudes en los modus operandi. Para reconocer la primera debemos situarnos en la Europa del siglo XIII, cuando nace el Tribunal de la Inquisición, y que durante siglos su principal misión fue la de mantener en pie el catolicismo mediante juicios que se llevaban a cabo contra los acusados de cometer faltas a la fe. En estos juicios no existía el principio de presunción de inocencia que hoy tenemos, ni pruebas científicas consultables. En su lugar se mediatizaba la opinión popular al punto de que la gente, muchas veces sin conocer los hechos, pedía la ejecución pública. En 2018 tres diputadas del Partido Comunista de Chile ingresaron un proyecto de ley que buscaba modificar el artículo 361 del Código Penal chileno para que no se tuviera que demostrar la culpabilidad del acusado de abuso o violación, sino su inocencia. Es decir, todo lo contrario a lo que está estampado en los principios del Derecho y que avala que el acusado ya no sea tratado como el inocente al que hay que investigar, sino directamente como el culpable al que hay que defender.

Otro elemento central en el asunto de estas similitudes lo encontramos en el Chile de 1990, donde iniciaba una explosiva campaña contra la transmisión el VIH, y en cuya campaña se promovía el uso del preservativo como medio de prevención del virus. La Iglesia Católica en su conjunto rechazó la campaña argumentando elementos de caracteres teológicos y morales. La negativa católica se sostuvo hasta la década pasada y durante más de quince años les dijo a las parejas por qué no usar el preservativo. Hoy en pleno 2019 el feminismo se otorga esa misma superioridad moral que se auto-otorgaba la Iglesia Católica en los 90, pero ahora para exigir a las parejas el uso del preservativo, y la campaña “Usa Condón” lo dice explícitamente: “no seas tonto, usa condón”. Es decir, tanto la Iglesia Católica como las activistas feministas les dicen a las parejas qué hacer y cómo llevar a cabo su intimidad sexual, quitándoles su privacidad y libertad de decisión mutua hasta en mismo acto sexual. En otras palabras, el feminismo (al igual que el catolicismo) le ha quitado a la pareja incluso su espacio de decisión libre, soberana e incuestionable. El objeto de discusión en este punto no es si el preservativo debe o no debe usarse, el hecho aquí es que únicamente las personas involucradas directamente en el coito deben decidir tal asunto de orden privado.

El feminismo es la nueva religión de las masas: tiene tribunales de inquisición (funas sociales sin pruebas previas), Santas de adoración (Beauvoir, Butler, Preciado) y una nueva moralidad impositiva y avasalladora. Señor Director, como dijo el Cientista Político argentino Agustín Laje, “el feminismo actual trata a las mujeres como verdaderas niñas”, ya que cree que son tan ilusas que por sí solas no pueden alzar la voz, ni cuestionar, ni pensar.