Señor Director:

La eutanasia, definida como “buena muerte” o la muerte sin sufrimientom es un tema difícil. Es un concepto que moral y éticamente genera mucha división en nuestro país, pero que representa una concepción que va más allá lo ético, es una decisión final. La eutanasia, que algunos le atribuyen la precognición de ser el más básico de los Derechos Humanos, también es una opción, que al manifestarse en vida, otorga el derecho a tener una muerte digna, sin dolor.

Recientemente ha sido aprobado por la comisión de Salud de la Cámara Baja un proyecto de ley al respecto que es inédito en el mundo, debido a la incorporación de menores que no necesitan autorización para acceder al procedimiento. Ante esta realidad, el Colegio Médico ya se prepara y discute cómo podría ser la forma de ejercer llegado el momento de eventualmente aplicar la normativa. La medida aprobada estaría disponible para personas diagnosticadas con una enfermedad terminal o dolencia incurable, que les cause dolores “persistentes e intolerables”, incluyendo dolores de “naturaleza psíquica” y que cause una disminución irreversible de sus capacidades. A diferencia de la Ley de Aborto en tres causales, se deben cumplir estas tres condiciones al mismo tiempo para solicitar eutanasia; lo anterior apunta a la Eutanasia Activa, que involucra la previa voluntad de la persona que lo solicita, desplegándose los métodos para hacer efectivo el procedimiento, permitiendo así terminar con la angustia y el dolor que sienten muchos pacientes y sus familiares enfrentados a enfermedades incurables y a la agonía previa a la muerte.

Existirá algo más propio de nuestra naturaleza humana que el poder de decidir sobre nuestra muerte, evitando el sufrimiento propio y de quienes nos vieron crecer, vivir y desarrollarnos. La eutanasia simplemente no puede ser concebi da como un procedimiento, derecho o decisión; su significado involucra elegir la opción definitiva, más allá de todo, la única certeza que tenemos es que nuestra propia existencia algún día terminará.