Sr. Director:

A propósito de la discusión sobre el rol que cumple o debiera cumplir el Museo de la Memoria, se ha puesto en entredicho la idea de exponer una moralización sin mediar explicaciones.

En ese sentido, conviene señalar que atribuirle al Museo la tarea de explicar lo injustificable implica, necesariamente, asumir riesgos relevantes. El principal de ellos consiste en que al concebir un Museo que explore politizar explicando, sacrificamos, inevitablemente, que éste deje de ser un espacio ético compartido (de todos, por todos y para todos). Dicho en otros términos, si la propuesta del Museo deviene en intentos más o menos razonables de explicar, arriesga perder su lógica y justificación de ser: un recordatorio ético universal.

Con todo, es verdad que declarar inexplicable lo injustificable puede facilitar la posibilidad de que se repitan los crímenes a los derechos humanos. Pero el ejercicio de explicar (politizar) puede ser realizado fuera del Museo. Para ello existen diversas herramientas de evaluación crítica que pueden ser desplegadas, como la historia, la antropología, la sociología, la filosofía política, etc.

Finalmente, es ineludible destacar que si realmente nos queremos tomar en serio ese espacio ético compartido (que el Museo cumpla a cabalidad su rol ético-memorial), la exposición que se presente en él no debe limitarse a visibilizar solamente los crímenes ocurridos entre 1973 y 1990, sino que debe abordar todas las violaciones a los derechos humanos que han acaecido a lo largo de nuestra trayectoria republicana. ¿Por qué no dar visibilidad, por ejemplo, a la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique?