Señor Director:

Con la entrada en funcionamiento del Ministerio de la Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación son muchas y diversas las expectativas. Por de pronto, sería positivo que como uno de sus efectos se lograra influir significativamente en la toma de decisiones de políticas públicas relacionadas de una u otra forma a cuestiones de ciencia y tecnología. Por ejemplo, en medicina, agricultura, alimentación, etc. Para esto es necesario que haya una mayor valoración pública del pensamiento crítico y del método científico, que haya una mayor cultura científica dejando de lado la desinformación.

Para mostrar la relación entre la carencia de pensamiento crtítico y prevalencia de desinformación en la política veamos un ejemplo. En 2012, en Francia, el profesor G.E. Seralini publicó los resultados de un estudio en el que afirmaba que un cierto tipo de maíz transgénico tolerante a un herbicida específico afectaba negativamente la salud y se relacionaba a cáncer en ratas de laboratorio. El trabajo fue, sin embargo, retractado al poco tiempo por la revista que inicialmente lo publicó, al detectar que el estudio no se ajustaba al método científico, que no se realizaron los controles necesarios, y que la cepa de ratas utilizada desarrolla tumores de forma espontánea, independiente de la dieta.

No obstante, el daño comunicacional ya estaba hecho, y continuó en el tiempo, pues apareció en medios de todo el mundo y hasta hoy es usado como el principal argumento de grupos activistas anti transgénicos. A pesar de que el consenso científico criticó duramente la validez del trabajo original, como sus resultados y conclusiones, en varios países se volvió una discusión política sobre transgénicos sin considerar la evidencia científica. Así, varias ONGs sin interés científico, sino más bien ideológico, lograron hacer prevalecer sus argumentos contra los transgénicos.

Para solucionar esto, el Gobierno francés, a través del Ministerio de Transición Ecológica, decidió encargar estudios a un amplio grupo de expertos, con varios equipos científicos investigando en paralelo, con el fin de obtener evidencia inobjetable y no ser nuevamente inducido a conclusiones erróneas.

Así nació el Proyecto GMO90 +, que ha concluido con una publicación científica la semana pasada en la Revista Toxicological Sciencies, donde, ahora sí ajustándose al método científico, se descartó efectos adversos del maíz transgénico tolerante al herbicida sobre la salud de animales.

No obstante, la desinformación sigue primando. Muy pocos medios de comunicación le dieron cobertura, y si “googleamos” desde nuestros computadores o teléfonos móviles, veremos mucha más difusión al estudio erróneo original, que respecto del reciente Proyecto GMO90 +.

Es de esperar que este nuevo Ministerio logre hacer prevalecer los argumentos técnicos y científicos en el mundo político, dejando de lado las creencias populares sin sustento, las teorías conspirativas y en general la desinformación.