La discusión respecto de la calidad en la educación hoy día se ha centrado en la selección a los colegios basados en el mérito académico. Sin embargo, la evidencia internacional entregada por instituciones como el Endowment Education Foundation (EEF) o el Informe GEM-UNESCO, señalan que la aproximación al mérito a través de las notas no ha demostrado efectos en la calidad de la educación.

Lo que sí impacta, señalan dichas investigaciones, y produce un cambio, es la experiencia del aprendizaje del alumno/a. Si su experiencia es positiva, aprende más y mejor. El clima emocional dentro del aula facilita el aprendizaje, aumenta el rendimiento académico y disminuye el ausentismo escolar.

Bajo este prisma, un docente que aplica metodologías más activas y con un curriculum que le permita administrar la enseñanza de un modo más efectivo y sencillo, es una de las respuestas para mejorar la educación. Además de su formación continua en nuevas técnicas y modalidades de enseñanza.

Las decisiones en esta materia debiesen estar sustentadas en estudios empíricamente comprobados, valiéndose de experiencias internacionales y desprovistos de la carga emocional con la cual se analizan en nuestro país aspectos tan fundamentales como la educación.

Antes de modificar los cambios realizados en el gobierno anterior, se debiese recabar información suficiente como para realizar un estudio y, a través de sus resultados, tomar decisiones bien documentadas. Por otra parte, sería interesante saber si han existido experiencias en otros países que avalen la selección por mérito académico como una herramienta útil para resolver los problemas de desigualdad en la educación.

Por el momento, lo que sí sabemos a ciencia cierta, es que el rol del docente es fundamental en la mejora de la calidad de la educación que recibe el alumno. Es aquí en donde debiese estar centrada la reforma educacional: la cualidad del docente como formador y no en los méritos académicos de sus alumnos.