Señor Director:
Una institución, una empresa, una familia y una persona de demoran una vida en construir una reputación, y en segundos, desde la mala
intensión, la envidia, la sospecha, la creencia o la ignorancia, alguien se la destruye.
En estos días hemos sido testigo de cómo al senador Manuel José Ossandón le pidieron disculpas en tribunales por haberlo acusado
injustamente de la emisión de boletas falsas en plena campaña y el exabogado de Trump reconoce haber mentido remitiendo información falsa respecto de proyectos inmobiliarios del Presidente de Estados Unidos en Rusia.
Es necesario y correcto que la verdad salga a la luz sobre la base de evidencias, pero no es posible andar sembrando mantos de dudas e
infamias de manera tan irresponsable y maquiavélica. No soy partidaria de Ossandón ni de Trump, pero sí de la seriedad, la
responsabilidad y la verdad. Y en este contexto de las fake news y las redes sociales, del «miente, miente, que algo queda», pretenden eliminar la filosofía del curriculum escolar, vale la pena recordar a filosofos, como, Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.
Y el diálogo de Sócrates con su discípulo: “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”
Sócrates lo interrumpió diciendo:
-“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?
-“¿Los Tres Filtros…?”
-“Sí” – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la VERDAD. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en
todos sus puntos?”
-“No… lo oí decir a unos vecinos…”
-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”
-“No, en realidad no… al contrario…”
-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos a la último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”
– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”
– “Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”
Un ejemplo dramático de cómo la prensa se prestó y cayó en la trampa de la maldad fue cuando le dio crédito a las falsas acusaciones de
Gemita Bueno y el cura Jolo contra Jovino Novoa, los que luego reconocieron haber mentido.
Hoy la prensa escrita juega un rol más importante que nunca en establecer la verdad, dada la cantidad de basuras infundadas que
circulan por las redes sociales. No todo el mundo tiene el tiempo ni los recursos para llegar a establecer su inocencia en
tribunales, ni la inteligencia para filtrar.
Elevemos el nivel, más seriedad y menos maldad. Robarle prestigio a las personas es un pecado grave que enloda la propia honra.
