Señor Director:

Ha causado gran molestia la actitud de algunos políticos y figuras reconocidas que, al condenar los recientes atentados en Sri Lanka, se olvidaron de recurrir al vocablo “cristianos” para referirse a las víctimas. Tanto Hillary Clinton como Barack Obama utilizaron en twitter el inédito concepto de adoradores o cultores de la pascua –“easter worshipers”- para hablar de ellas, a diferencia de lo que ocurrió con el atentado en Nueva Zelandia, donde escribieron directamente sobre víctimas musulmanas, supremacía blanca, racismo e islamofobia.

Esto no es de extrañar, ya que al igual que parte importante del Partido Demócrata de EE.UU., su relato se ha visto muy influenciado por el llamado “marxismo cultural”, doctrina de izquierda que ve al Estado y las instituciones públicas como los vehículos necesarios para terminar con la opresión y discriminación que sufren los seres humanos a manos de un grupo particular culpable de todos los males del mundo, y que está compuesto principalmente por hombres heterosexuales cristianos de origen caucásico. Políticas y banderas tales como el derecho a reparación por ofensas recibidas por individuos muertos hace siglos, las cuotas laborales para minorías sin consideración al mérito -concepto que denuncian como un mecanismo de defensa del patriarcado-, la culpabilidad del hombre por la mera denuncia de la mujer sin derecho a defensa, y el feminismo radical, que pone la culpa de los males de la humanidad en los varones, son algunas de las expresiones de esta nueva teología secular que gobierna actualmente gran parte del pensamiento político de las élites occidentales.

Para los seguidores de este culto, los cristianos y sus instituciones, las que formaron occidente, son el problema y, por tanto, no pueden reconocerse jamás como víctimas porque, como lo señala un aspecto de esta creencia, las llamadas políticas identitarias -“identity politics”-, los pecados nunca son personales, sino grupales. Ellos han abandonado al individuo como sujeto de análisis social examinando la realidad solamente con base en grupos de individuos que comparten características religiosas, raciales y/o sexuales -entre otras-, haciendo a todos los componentes de cada colectivo víctimas o victimarios según su propia conveniencia. Si se es cristiano se es culpable por el hecho de serlo, siendo irrelevante la conducta particular del individuo. Si se es musulmán se es víctima, sin importar las experiencias de vida de la persona.

Varios precandidatos del Partido Demócrata para las elecciones del 2020 ya se han subido a este carro. Beto O’Rourke ha pedido ya varias veces excusas por ser hombre y ser blanco. Bernie Sanders señaló no hace tanto que los blancos no saben lo que es ser pobre, y Kamala Harris y Elizabeth Warren proclamaron ya que están de acuerdo con compensar a los afroamericanos por la esclavitud sufrida por sus tátara abuelos, aunque nada han dicho de los descendientes de miles de irlandeses que llegaron a esas tierras en el siglo XVII en condiciones abiertamente de servidumbre.

Lo anterior es solamente un botón de muestra de lo que se presenta como las nuevas banderas de lucha del progresismo secular moderno. Esto es relevante porque como lo reconoce incluso la ONU, el cristianismo es la religión más perseguida a nivel mundial y sería bueno que occidente y las élites seculares que lo gobiernan se dieran por enterados y actuaran al respecto. Según el think tank Pew Research Centre en un informe de 2018, en 2015 los cristianos sufrieron persecuciones y discriminación en 128 países, y en 2016 en 144. En el Medio Oriente, los cristianos hace un siglo conformaban un 20% de la población y hoy no alcanzan el 5%, habiendo sido ya casi expulsados del lugar donde nació dicho culto. Nada de lo que pasa actualmente con las otras religiones se compara con esto. ¿Habrá estado siquiera el lector enterado de lo anterior?

Las mayores víctimas de las persecuciones religiosas modernas son absolutamente ignoradas por las aristocracias occidentales, la prensa-propaganda y la tecnocracia globalizada, que abiertamente intentan ocultar lo que está sucediendo, y todo porque consideran que, para poder seguir adelante con su proyecto secularizador, es necesario no reconocer jamás al cristianismo como víctima porque es de la esencia del progresismo moderno, que este es el problema y no la solución. Es absolutamente forzoso para ellos recurrir a eufemismos, espejismos verbales y a una retórica barata para encubrir esta desventura, que es una de las mayores tragedias de la modernidad -sin importarles las nefastas consecuencias que se pueden derivar por el simple hecho de mirar para un costado-, ya que les resulta inconveniente para su discurso pos cristiano, secular, globalizador y tecnocrático. Todo para intentar tapar el sol solamente con un dedo.