Señor Director:

El señor Daniel Loewe en su columna del miércoles 7 de mayo explica con muchos detalles legales las razones por las cuales, a su juicio, los miembros de la Iglesia Católica podrían ser objeto de mofa y desprecio -merecidos sin duda- en la televisión pública.
Viví en Malasia, país musulmán; Israel, judaista, y en Tailandia, budista. En ninguno de ellos vi nada de lo que Loewe explica y justifica.
Creo que hay  razones que están mas allá de las de Loewe, que se ubican en el área emocional, de identidad y de cultura que conforman el ser más profundo de muchas personas, y eso merece respeto.
Me gustaría que el señor Loewe me dijera si se atrevería a insultar -aun cuando pudiera ser culpable- de la misma manera al Gran Rabino de Chile, o al más alto dignatario musulmán en Chile, o incluso a un sacerdote animista haitiano y un brasileño creyente en la magia.
O es que la Iglesia Católica y en particular sus creyentes no merecen el mismo respeto, recato y sensibilidad. ¿Será que la seguridad de impunidad estimula la audacia y la insolencia? Le recuerdo que si bien el sacerdote es una persona privada, para los que lo siguen representa mucho mas que a sí mismo.
Si la religión es personal e interna, nadie tiene derecho a ponerla en situación de cuestionamiento y ridículo.