Señor Director:

Luego de leer la Columna de Opinión de don Harald Ruckle, titulada ”De playas y cajones mentales», he estado meditando. Los argumentos del Sr. Ruckle son coherentes y persuasivos. La verdad, le encuentro razón. Sin embargo, luego de unir el contenido de la columna referida con el título de presentación del Sr. Ruckle como «Chartered Director, Institute of Directors UK», paso a la perplejidad. En efecto, no entiendo la lógica que puede existir en denunciar el uso por parte de los chilenos del «cajón clasista» para clasificar a las personas, proveniendo de alguien que se presenta de la forma que lo hace el Sr. Ruckle en este medio. Luego caigo en la motivación más probable: dado que el columnista entiende bien el proceso mental de etiquetado chilensis, posiblemente, trata de orientarnos a que le clasifiquemos en el cajón que él desea, no dejando nada al azar. Posiblemente, yo aplique inconscientemente el mecanismo denunciado. Motivo por el cual intentaré de no utilizar el «cajón primario clasista» al momento de clasificar que conozco actualmente o conozca en el futuro.